viernes, 30 de diciembre de 2011

Ikatz&Casper: Dulces Sueños

Porque los gatos son así. 

Duermen como osos desde las siete de la mañana hasta las doce de la noche y luego, en cuanto te vas a la cama, se portan como si tuvieran una sobredosis de Red Bull. ¿Quién no se ha quedado alguna vez boca arriba en la cama con los ojos como platos escuchando como sus adorables gatitos persiguen como locos una pelota por toda la casa a las 3 de la mañana?

Este es el primero de una serie de comics que hemos llamado Ikatz&Casper y que han visto la luz gracias al talento y a la generosidad de Lorena. Espero que os hagan sonreir ;-)





miércoles, 21 de diciembre de 2011

Felices fiestas a todos!!!!

A todos mis amigos y mis amigas virtuales y reales,
que tenéis siempre la puerta abierta
y el corazón disponible 
para todos los gatos
para todos los perros
y para todas las personas
que necesitan un poco de vuestro amor para sobrevivir.
Os deseo serenidad para disfrutar de los momentos buenos
que os esperan en 2012.
Os deseo fortaleza para afrontar los momentos malos
y superarlos.
En definitiva, os deseo tanto bien, tanto amor y tanta felicidad
como la que vosotros repartís todos los días del año.

Gracias por hacer del mundo un lugar mejor donde vivir

Felices fiestas y feliz 2012 a todos y a todas de parte de los que formamos la familia de Bailando con Gatos.


martes, 20 de diciembre de 2011

¿Por qué me miráis todos?

Eso debía estar pensando Casper hoy durante el telediario de mediodía.


¿por qué me miráis todos?


Porque eres el reportero más dicharachero de Antena 3. Y el más guapo :-)





domingo, 11 de diciembre de 2011

Gato de navidad

Este fin de semana hemos comprado el arbolito de Navidad y ya lo tenemos puesto en casa. 


No le falta detalle. Tiene sus paquetitos de regalos, sus bolitas rojas brillantes, sus bolitas doradas, sus lacitos rojos, su espumillón rojo, sus cintas plateadas, sus piñitas doradas...por tener tiene hasta una estrella preciosa en la punta y un montón de luces azules que se encienden en ocho posiciones diferentes.


No le falta detalle.


O eso pensaba yo.


Porque ¿qué le falta a un árbol de Navidad que tiene todas esas cosas? ¿qué le falta? ¿lo adivináis?


Pues sí. Le falta...




UN GATO!!!


viernes, 9 de diciembre de 2011

Va de yeguas

Pues sí, ayer el día fue de yeguas. 


Aprovechamos que ayer era fiesta y por la mañana fuimos a hacerle una visita a la nueva yegua de Eneko: Ninger. La última vez que me subí a un caballo creo que tenía unos 15 años, pero ayer tuve la excusa perfecta en la escayola que arrastro desde hace dos semanas y así me ahorré tener que montarla y demostrar mis dudosas habilidades de amazona. :-). 


Por la noche volvimos a bailar con yeguas. Una de las de Iban estaba tumbada en el suelo y con cara de no estar pasando su mejor día, así que removimos Roma con Santiago hasta movilizar a media familia y al veterinario. ¿al final? Nada. La gordita se había metido un atracón de paja y tenía un empacho...de caballo.


Os dejo unas fotos de Ninger por la mañana, para que veáis lo bonita que es:







jueves, 1 de diciembre de 2011

Rescatar a los niños para proteger a los animales

Tengo una red estupenda de personas y protectoras de animales en Facebook que me mantienen al día de lo que pasa en el mundo de los rescates de perros y gatos: bichos encontrados, bichos perdidos, bichos que buscan casa…me gustan los bichos y me gusta la gente a la que le gustan los bichos. Sin embargo, no soy voluntaria en ninguna protectora. Por diferentes motivos siento un cariño muy especial por Esperanza Felina de Vitoria y por APASOS Bilbao y en algunas ocasiones he colaborado económicamente con ellos pero no soy voluntaria.

No soy voluntaria porque soy una cobarde. Esa es la verdad. Tengo pánico a ver animales maltratados, no lo soporto, es más fuerte que yo. Cada vez que me enfrento a un caso en el que alguien ha torturado a un animal de forma deliberada siento una angustia infinita, una furia asesina. Siento que si me pusieran delante del torturador lo mataría con mis propias manos. Yo, que no le he dado una colleja a nadie en mi vida. Da miedo.

Siempre he pensado que difundir esas fotos terroríficas no vale para nada. Que nos provocan un dolor enorme a las personas que amamos a los animales y que probablemente sólo sirve para dar placer y nuevas ideas a los locos que disfrutan torturando animales. Pero sólo es mi opinión.

El año pasado salió a la luz el caso del cachorro de Schnauzer torturado salvajemente hasta la muerte y todos los medios de comunicación de este país lo difundieron ampliamente para alegría y gloria de los locos torturadores. Aquellas imágenes no me dejaron dormir durante varios días. No paraba de preguntarme qué tiene en la cabeza una persona capaz de hacer semejante barbaridad. Y me leí montones de estudios que intentaban explicar el por qué. Recogí algunas de sus conclusiones en el artículo “De perros, gatos y hombres” y entendí que  muchas de las personas que torturan animales provienen de entornos marginales en los que la vida no vale nada, entornos en los que ellos mismos han sido maltratados y abusados.
El maltratado se convierte en maltratador.

Esta semana he vuelto a cruzarme con otro caso de maltrato. Paqui de Badajoz lleva tres gatos recogidos con disparos en el cuerpo y pide ayuda para operar a los animales y salvarles la vida. Dice que el culpable es un niño que se dedica a dispararles. Algunos nos preguntamos por el niño ¿no se puede hacer nada con ese crío?. La respuesta que recibí me hizo pensar: “están intentando convencer a los Servicios Sociales para que tomen cartas en el asunto ya que los padres pasan del crío y tienen problemas de alcoholismo

Los padres pasan del crío y tienen problemas de alcoholismo. Ahí está la clave del problema. 

Los niños son espejos de su entorno. Hacen lo que ven. Imitan lo que ven. Si reciben amor, respeto, atención y un entorno seguro, cuando crezcan darán amor y respeto, y crearán un entorno seguro también para los suyos. Es pura empatía.

Creo que si en lugar de coger al crío y meterlo en un centro de internamiento (o peor aún, dejarlo crecer en ese entorno insano) lo metemos en una familia que le de cariño, respeto y seguridad, a los gatos de Paqui ya no les servirá de nada, pero salvaremos a los animales que este niño va a matar ahora y en el futuro, salvaremos a la mujer a la que probablemente maltratará mañana cuando sea un hombre adulto y, lo más importante, salvaremos a sus propios hijos y a los animales que estos niños torturarán.

Creo que si además de integrar a este crío en una familia que lo quiera, hacemos lo mismo con el resto de críos de este país que están viviendo situaciones parecidas, la cantidad de animales que salvaremos del maltrato se multiplicará hasta el infinito. Y si además su integración viene acompañada por la presencia de animales para que aprendan a quererlos y a tenerlos cerca, mejor que mejor.

Siempre me ha parecido ridículo que la gente me pregunte qué pasa con los niños que pasan hambre en el mundo, si ellos no valen más que los gatos. Me parece absurdo comparar ambas situaciones porque no tienen nada que ver. Pero ahora tengo una idea que no para de darme vueltas en la cabeza:

¿Y si cortamos el maltrato a los animales protegiendo a los niños a los que no quiere nadie?


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Bicho a Bordo!!!

Estos días el metro de Bilbao anda revuelto. El caso es que la normativa actual sólo deja entrar gatos y perros que pesen menos de 8 kilos y los propietarios de perros y gatos más gorditos están que trinan porque ellos también quieren llevar a sus mascotas en el metro.

 A pesar de ser la orgullosa propietaria de tres gatos y dos perros, y de vivir a cien metros de una boca de metro, para ser sincera la polémica no me afecta en absoluto. Nunca cojo el metro para nada, y desde luego nunca meto a mis animales en él, pero de todas formas no he podido evitar leer los comentarios que la gente ha dejado en el periódico al hilo de la noticia.

Y he seleccionado algunos que me recuerdan por qué nunca cojo el metro.

ASUNCIÓN: “Bueno, a mi me da igual que el perro este bien educado o no porque soy alergica a perros y gatos. Si paso mas de 15 minutos cerca de un animal con pelo empiezo a estornudar (por muy limpio que este, eso no influye). Y el problema es que cuando el animal se va, el pelo que se le ha caido no y eso puede seguir afectandome ¿que pasa con los que somos alergicos? ¿Vamos a tener que ir mascarilla en mano y con los antiestaminicos para poder ir en el metro?”

Mi amiga Asunción además de ser alérgica a los perros y a los gatos es alérgica a los acentos. Debe ser que le han contado que cada vez que escribes con faltas de ortografía un orco se come a un gatito, y ha decidido colaborar al exterminio con su falta de cultura. Pero para ser sinceros, yo la entiendo.  En el fondo las dos nos parecemos. Ella es alérgica al pelo de los gatos y yo soy alérgica a todas esas guarras que van en el metro sentadas a mi lado y no se han lavado el pelo desde hace dos semanas.

Recuerdo especialmente a una estudiante morena que iba vestida con vaqueros, botas de caña con pinta de ser carísimas y una chaqueta super-pija de pana marrón, con una carita de muñeca preciosa y perfectamente maquillada y el pelo recogido en una coleta y varias horquillas. Digo que la recuerdo porque se puso delante de mí, dándome la espalda y recuerdo perfectamente bien cómo las horquillas le separaban los mechones grasientos en pequeños grupitos divididos por las líneas blancas del cuero cabelludo. Pero especialmente recuerdo el olor, como una mezcla agria de olor a polvo y aceite de coche todo mezclado. Se subió en Algorta y se bajó en la Universidad de Deusto y mientras intentaba frenéticamente mantenerme separada de ella y de aquel olor inmundo no podía dejar de sentir compasión por los pobres compañeros de clase que iban a compartir toda la tarde el mismo aire que aquella mofeta de buena familia de la margen derecha de Bilbao. Para que luego digan que la vida de estudiante es fácil…

ADRR: “las cagadas las recojen, bien (aunque no siempre) y que ocurre con las meaditas; que resulta que vas paseando entre unos soportales llenos de columnas y estan todas toditas llenas de meadas, que da un asco de cojones”

Otro dispuesto a terminar con los gatitos a base de destrozar el idioma con sus faltas de ortografía. Tiene toda la razón mi amigo ADRR: las meadas en los soportales dan un asco de cojones. Lo sé porque todos los años cuando se organizan las fiestas de mi barrio todos los cerdos de los alrededores se dan cita en la plaza donde vivo para ponerse ciegos de alcohol y soltar sus asquerosas meadas en nuestros precisos portales. Todos los años rezo con fervor para que alguna vez se cierre de golpe algún portal y le enganche a alguno la pichurrilla. Por el lado de las bisagras a ser posible, que duele más.  Pero me estoy yendo del tema,  que aquí estábamos hablando de perros y no de cerdos, no?  

ANTEA: “No se trata de intolerancia, a demás hay mucha gente a los que no les gustan, les tienen mideo etc y no tienen porque tragar con ello.”

De nuevo tiene razón esta mujer. Estar en un vagón de metro cerca de algo que te da miedo es una experiencia aterradora. Hace unos meses sin ir más lejos estaba en un vagón del metro de Barcelona y en una de las paradas entró de estampida un energúmeno moreno, alto y fuerte que no paraba de gritar DIOS TE AMA, DIOS TE AMA, DIOS TE LIBERARÁ DEL PECADO Y CASTIGARÁ A LOS PECADORES CON LAS LLAMAS DEL INFIERNO ARREPIÉNTETE DIOS TE AMA.  Gritaba a pleno pulmón el tío y estaba tan entregado que los ojos se le salían de las órbitas. Desde siempre tengo un imán para los putos lunáticos que andan por el mundo, de forma que si hay alguno a menos de un kilómetro a la redonda, indefectiblemente se siente atraído hacia mí. Este no podía ser menos así que se vino derecho a donde yo estaba y empezó a gritarme a la cara. Mientras le miraba impasible (por dentro estaba acojonada) le prometía a la Virgencita dos velas si me dejaba salir de aquel vagón sin que el puto pirado ese me metiera un guantazo. A saber si resulta que aquel día me había levantado con cara de pecadora o algo. Y yo sin saberlo.

LECHEMERENGADA. “¿Y si un perro se marea y vomita? Eso pasa, que lo he visto. ¿O si está enfermo y vomita?”

Eso pasa, que lo he visto. Me encanta esta tía. Yo también lo he visto, pero no era un perro. Era un pavo que volvía a las seis de la mañana a su casa después de haberse pasado toda la noche hidratándose a cubatas. El vagón se fue quedando vacío y al final nos quedamos tres personas: una chica que estaba sentada a mi lado, un chico que estaba sentado detrás de nosotras y yo._

El caso es que a una determinada altura empecé a oír ruidos raros a mi espalda. Gruag. Arc. Gruarggg. Arj. Arj. Gruuuarrrrgggg. La chica y yo nos mirábamos de reojo. Joder. Me daba miedo girarme. A ver si me encontraba con la niña del exorcista en camisón, con los dientes llenos de sarro, los ojos como platos y llena de pústulas. Me entró un mal rollo...

Pero no. No era la niña del exorcista, aunque tenía un interesante detalle en común con ella. El vómito. Nada más oír el chapoteo en el suelo supe lo que estaba pasando. El olor rancio de alcohol mezclado con jugos gástricos me lo confirmó. El tío detrás nuestro estaba echando allí los hígados fermentados. Cuando miré el suelo los ríos de vómito se desplazaban atrás y adelante por todo el vagón.( Espero que no estéis picando algo mientras leéis mi blog, porque os perderé para siempre…) La otra chica y yo nos levantamos como si tuviéramos debajo del culo un muelle y salimos disparadas hacia la puerta del siguiente vagón. Ni nos miramos. Si nos llegan a cronometrar en ese momento pulverizamos todos los records de velocidad. 

Cuando me bajé de aquel vagón hice como Escarlata O`Hara. Me puse de rodillas en el andén, cogí un puñado de polvo del suelo, miré hacia la garita del controlador y a Dios puse por testigo que nunca volvería a pillar el metro para volver a casa por la noche. Prefiero pasarme toda la noche bebiendo zumitos. O pagarle treinta euros a un taxista. O quedarme en casa viendo El exorcista. Como dice mi amiga Lechemerengada eso pasa, que lo he visto.

Ahora ya sabéis por qué nunca cojo el metro. Y por qué nunca metería allí a ninguno de mis bichos. Los quiero demasiado para hacerles algo así.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Gracias a todas!

Gracias Pilar, gracias Eva, gracias Charo, gracias Verónica, gracias Isa, gracias Susana, gracias Mila. 





Gracias a todas por los libros que habéis comprado en la Venta Solidaria para Esperanza Felina. Gracias a vosotras acabamos de transferir 166 euros para que E.F pueda seguir con su maravillosa labor de proteger a los que no tienen voz.


Gracias por ayudar con vuestra aportación a los gatos de Esperanza Felina, y gracias por comprar libros, por leer, por hacer que la nuestra sea una sociedad más culta y más civilizada. Porque solo en una sociedad avanzada y culta tendremos oportunidad de luchar contra el maltrato animal, la barbarie y la sinrazón de los que abandonan y hacen daño a los animales.


La venta solidaria continúa. Compra tu libro y ayúdales!

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿La vida qué tal? ¿bien, o en familia?

A estas alturas de la vida ya me he dado cuenta de que es tarde para dedicarme a los bichos de forma profesional. Así que he decidido dedicarme a ellos de forma oficiosa. Tengo un trabajo honrado, pago mis impuestos honradamente, hasta pago mis multas honradamente. Soy tan honrada que doy asco. Me levanto en el metro para dejarle el sitio a las embarazadas. Mantengo la puerta abierta para que las ancianas pasen sin agobios. Soy un encanto social. Así que técnicamente no debería haber ningún problema. Quiero decir, son gatos y perros, ¿no? no es como si hubiera decidido dedicarme de forma no oficiosa a acuchillar abueletes en la puerta del metro, ¿verdad?.  Pues sí. Es exactamente igual, o por lo menos provoco reacciones similares y por lo visto ofendo a todo el mundo con mi estúpida actitud solidaria. 


Ofendo a mi santa suegra

-          ¿Por qué no os lleváis ese perro a una perrera?
-          ¿Por qué no te llevamos a ti a una residencia?

No. Esa respuesta no fue mía. No es que no lo pensara pero hay cosas que una nuera no puede permitirse decir. Y menos aún cuando todavía no te has casado con el hijo y andas ahí a verlas venir. Y además que mi suegra es maja y no se merece esa respuesta. Pero le llegó envuelta con un lacito. Y aunque le puse mala cara a mi novio – hay que ver, cari, cómo te pasas – mi yo más diabólico aplaudió con ganas la respuesta. Plas, plas, plas. Me gustó tanto que estoy deseando que alguien me vuelva a preguntar lo de la perrera para soltársela como si fuera una ocurrencia mía. No me digáis que no es buena.

Ofendo a mi santa madre

-          ¿Tú sabes la cantidad de dinero que te estás gastando en esos animales?

Mi madre dice la palabra “animales” como si la estuviera escupiendo. Como si fuera mejor que me gastara el dinero en un seguro de defunción que me vaya pagando un nicho como Dios manda para cuando estire la pata. Para ser sinceros, sospecho que mi veterinario ha pagado parte de su modernísima y preciosa clínica a costa de mis gatos y mis perros. Pero seguro que es una parte pequeñita. Y además, los veterinarios también son criaturas de Dios y también tienen derecho a comer todos los días. Los pobres.

Cuando era más joven…venga, vale, cuando ERA joven y mi hígado también lo era, me gastaba más un fin de semana en katxis de cerveza y en cubatas de 43 con cola – por Dios, qué asco, la de litros que pude beber de ese brebaje inmundo – de lo que mis gatos se llevarán en vacunas en toda su vida. Si hubiera ahorrado todo ese dinero durante todos los años que mantuve vida nocturna, ahora podría mantener yo sola a todos los gatos de Euskadi. 

Y a cuerpo de rey.

El caso es que no recuerdo ni una sola vez en que mi madre me echara en cara la cantidad de dinero que me estaba gastando en juergas y varios. Así que he llegado a la conclusión de que a mi madre no le importa que me coma viva una cirrosis hepática, pero no soporta la idea de que mi sofá esté lleno de pelos de gato. Así es mi madre.

A ella no le digo lo de la residencia porque a una madre no se le dicen esas cosas. Y además, con esto de la crisis nadie me garantiza que un día no tenga que plantarme en la puerta de su casa con dos bragas en un hatillo, los tres gatos y los dos perros. Así que me voy a ahorrar las chulerías. Por si acaso...


jueves, 24 de noviembre de 2011

Una familia para Coco

Setter ahora se llama Coco. 

Cuando lo encontramos no quisimos ponerle un nombre porque dimos por hecho que un perro tan bonito tenía que tener un dueño, y cuando nos dimos cuenta de que el dueño no iba a aparecer pensamos que era mejor que el nombre se lo pusiera su nueva familia cuando se la encontráramos.

Para encontrarle una familia a Coco contactamos con los que mejor saben hacer este trabajo, los voluntarios y voluntarias de APA SOS Bilbao. Ellos le han  chipado y le han puesto las vacunas, y también han sido ellos los que nos han sugerido llamarle Coco. Ellos se encargarán de esterilizarle y de revisar su vista para saber exactamente qué le pasa (ya os dije que ver, ve, pero  no demasiado bien...). También es están ocupando de su difusión. Podéis ver su ficha aquí. 

¿Qué aportamos nosotros?

Nosotros somos la casa de acogida de Coco. Excepto en lo que se refiere a los gastos veterinarios, que los paga APASOS, para todo lo demás Coco es como Sua, Michurrina, Ikatz y Casper.

¿Por qué no nos quedamos con Coco?

Hay dos grandes razones por las que hemos decidido no quedarnos definitivamente con Coco y buscarle otra familia.

Coco es joven y activo. Aunque Iban y yo somos como dos cabras y aprovechamos todos los fines de semana y las vacaciones para echarnos al monte y darnos unas palizas tremendas, de lunes a viernes manda el trabajo y apenas disponemos de una hora para pasear a los perros. Sua es viejita y está encantada de su vida con ese plan, pero Coco necesita mucho más. Creemos que sería mucho más feliz si pudiera estar suelto todo el día o con alguien que se lo lleve a hacer ejercicio mucho más a menudo. Tener a Coco dando paseitos de lunes a viernes es como tener un Ferrari para ir a hacer las compras al supermercado...

Coco está sano y es precioso. Cuando encontramos a Ikatz, tenía una infección respiratoria de caballo, Michurrina estaba desnutrida y tenía dos cachorros recién nacidos para amamantar, Sua estaba desnutrida, comida por los parásitos, muerta de miedo, sorda, con cataratas y un tumor (la pobre lo tenía todo). Cuando los encontramos, sabíamos que si no nos quedábamos con ellos, se morían. 

Dejando aparte el pequeño detalle de que vea mejor o peor, Coco es un perro de lujo, tiene una planta estupenda. Probablemente ha pasado hambre estos días perdido, pero no parece que le hayan hecho daño en absoluto. Es sociable, obediente, simpático, confiado y muy manejable. Se deja manipular sin decir ni guau y tiene una costumbre muy graciosa de meterte el morro entre las manos. Si pasas cinco minutos con él, te enamoras. Es perfecto para gente con niños, para gente que ya tenga otros perros, para gente que no tenga otra mascota y quiera mimarlo en exclusiva...no tiene un pero. Si hay un perro con posibilidades de ser adoptado, ese tiene que ser Coco!!



martes, 22 de noviembre de 2011

Una caricia de regalo

Ya os comenté en su momento que nuestra Sua está un poquito bastante sorda. Y que no ve tres en un burro. Y la muy sinvergüenza se aprovecha de eso para jugárnosla de vez en cuando.



La llamamos. Nos ignora. Nos miramos con condescendencia. Claro, pobrecita, es que no nos oye. Nos pone las patas encima y nos pega el morrete a la cara. En lugar de bajarle las patas al suelo y decirle que no, nos volvemos a mirar con condescendencia. Claro, pobrecita, es que no nos ve. Entre nosotros y ahora que nadie nos oye, somos unos blandos, ella es más lista y nos ha calado. Esa es la verdad.

Pero para ser justos y hacer honor a la verdad, Sua es una tía bastante maja. Normalmente anda cerca de nosotros  y no se aparta demasiado. Excepto cuando ve una pareja como nosotros dos. Debe ser que es cierto que no ve mucho o es que a Sua le encantan las parejas jóvenes como a otros les encantan los labradores color chocolate.  Es ver una pareja joven y largarse con ellos. Tiene una obsesión.

El otro día en Oiz se enamoró de otra parejita, y las dos o tres veces que nos cruzamos con ellos, allí estaba nuestra Sua saltándoles alrededor y poniéndoles caritas. La chica se moría de risa. Y Sua se moría de felicidad despatarrada en el suelo bajo las caricias de aquella extraña. La traidora de ella. Cuando me acerqué para recuperarla, la chica me miró con una sonrisa de oreja a oreja. Qué bonita, dijo, es preciosa. Yo también le sonreí. Sí, es una gamberra muy guapa.

Me gusta que la gente le haga mimos a Sua. Me gusta que sea sociable y no tenga miedo. 

Pero mientras me llevaba a Sua conmigo me vino un pensamiento a la cabeza. Sua estuvo perdida durante muchos días hasta que la encontramos en unas condiciones horribles. Me pregunto por qué nadie se dio cuenta entonces de lo bonita que es y por qué nadie la ayudó.
Me pregunto por qué nos da tanto miedo ayudar a un animal con problemas. Me pregunto por qué sólo nos parecen bonitos los animales que ya tienen un dueño que les quiere y no nos paramos a regalar una caricia a los que están solos y abandonados, que son los que más nos necesitan.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Las fotos de Setter (ahora COCO)

Os pongo algunas fotos de Setter. Ayer salimos a pasear con él a la tarde. Es muy, muy obediente, viene cuando le llamas, se sienta y está muy acostumbrado al coche. Tiene mucha energía y está en muy buena forma física, yo diría que está acostumbrado a hacer ejercicio.


Como os comenté ayer, no tiene chip y ni la policía municipal ni la federación de caza tienen  constancia de una denuncia de pérdida de un perro similar. Estamos contactando con algunas protectoras para ver si le encontramos una buena familia.








martes, 15 de noviembre de 2011

Setter (ahora COCO)

Encontramos a Setter (un setter inglés blanco con manchas negras)  ayer por la noche cuando íbamos al baserri a dar una vuelta con Sua. Sí, lo sé, lo de encontrarnos perros perdidos en el pueblo empieza a ser una costumbre inquietante...el caso es que Setter estaba paseándose tan ricamente por medio de la carretera haciendo frenar a todos los coches que se cruzaban con él, y con la emoción añadida de que al ser de noche, los coches no lo veían hasta que estaban encima de él. Nos dimos cuenta de que era cuestión de tiempo que un coche tuviera un accidente y se liara parda, así que nos las arreglamos para acercarlo a nosotros (la ayuda de Sua fue inestimable) y lo atamos con una correa. ¿Y ahora qué? porque tampoco es cuestión de seguir quedándonos con todos los perros que se nos cruzan por el camino... pues llamar a la policía y dar aviso. Lógico, ¿no? Pues no.


Llamo al 112 que me deriva a la Ertzaina, un señor muy amable que me dice que pasa una patrulla lo antes posible para hacerse cargo del perro. Una hora después seguíamos allí. Como dos pasmarotes, con los dos perros, pelados de frío y a oscuras. Así que busco el teléfono de la comisaría más cercana para ver qué pasa. Mire usted, es que llevamos una hora esperando a que vengan a recoger a un perro. No sé si se acuerda de mí, oiga. Soy yo, la del perro. 


Y sí, se acuerda. Me dice que no tienen recursos para ocuparse del perro y que si no puedo quedármelo hasta el día siguiente y llamar al ayuntamiento para que lo dejen en la perrera. Le digo que no vivimos en el baserri, que es complicado para nosotros hacernos cargo del perro, y que lo hemos recogido para evitar que alguien se parta la crisma con el coche contra el animal y tengamos una tragedia. Mi amigo el policía me dice que si el perro está en medio de la carretera que pueden ir y pegarle un tiro, que en todo caso en la perrera lo van a sacrificar en diez días si no aparece el dueño. Yo flipo.


Le digo al pistolero que ya me hago cargo yo del problema y que gracias por su inestimable ayuda (ironía off) y metemos al perro en el baserri para que pase la noche. Setter, que es un solete, se pone morado de pienso de Sua y se deja arrastrar por las escaleras para pasar la noche calentito y a cubierto.


Amanece hoy. Los dos trabajamos, pero Iban se la arregla para llevar a Setter a los municipales de Gernika y comprobar (oh sorpresa) que no tiene chip. ¿Y ahora qué?


Hemos llamado a Zaunk para ver si alguien ha dado parte de un perro perdido, hemos escrito a APASOS Bilbao para ver si podemos poner la foto cuando la saquemos. Hemos llamado a la Asociación para la Defensa del Cazador y del Pescador, a la Sociedad de Caza y Pesca de Durango, a la Federación Territorial Vizcaina de Caza para ver si alguien ha denunciado la pérdida de un perro de caza, y a Txomin, un cazador de Amorebieta que perdió su Setter en agosto y que los munipas de Gernika me dicen que podría ser el dueño. Nada. Nada de nada. Por lo menos en la Federación nos dicen que van a preguntar a nivel interno para ver si aparece el dueño.


Y ahí estamos. Confieso que empiezo a entender por qué la gente cierra los ojos y pasa del tema cuando ve un perro perdido en la calle. Pero me niego. Aunque sólo sea por tener la esperanza de que nadie cierre los ojos y pase de largo cuando la que necesite ayuda desesperadamente sea yo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

El gato jardinero

Yo siempre he sido una negada con las plantas, lo reconozco. Mi abuela tenía plantas por toda la casa y las tenía todas preciosas, daba igual si estábamos a cuarenta grados en verano o a cuatro bajo cero en invierno. Mi madre ha debido heredar el don y la terraza de su casa parece un vergel, con todo tipo de plantas. 


Y ahí se perdió el gen verdícola de mi familia.


Soy tan negada para las plantas que cuando vivía en casa de mis padres y ellos se iban de vacaciones, mi madre construía una obra de ingeniería formada por bañeras, botellas de agua agujereadas y diferentes niveles de tiestos donde apilaba todas las plantas de casa una encima de la otra para que se fueran regando solas. De nada servía recordarle con cara de buena que yo no me iba de vacaciones y que perfectamente podía regar las plantas en su ausencia. Sólo con oír mi ofrecimiento mi pobre madre perdía el color. 


Yo creo que prefería matarlas con sus propias manos antes que dejar que yo las cuidara. 


En fin, el caso es que cuando me vine a vivir a mi casa me planteé como un reto personal tener mis propias plantas. Vivas a ser posible. Después de asesinar a dos, con las orquídeas me di por vencida. Claramente las orquídeas y yo tenemos un problema de compatibilidades. Yo creo que las puñeteras se mueren nada más verme sólo para fastidiarme. 


Así que me pasé a las plantas-Rambo. Esas plantas que no se mueren nunca. Esas plantas que las dejas sin regar dos meses, las quemas con un soplete y las tiras de un cuarto piso y ellas siguen luciendo con las hojas verdes brillantes y maravillosas. En definitiva, esas plantas que Dios creó para que mujeres como yo podamos tener algo verde en casa que no sea una tortuga.


Y ahí estaban mis plantas-Rambo. Verdes, lozanas, irreductibles... hasta que llegaron los gatos.
Sospecho que el asesino homicida es Ikatz, pero perfectamente podría ser Casper con su cara de yo-no-he-roto-un-plato. O los dos. Sí. Estoy segura de que son los dos. Que uno vigila detrás de la puerta mientras el otro comete el delito. 


Pero los malditos son buenos. 
Son muy buenos. 


En un año no he sido capaz de pillarlos nunca. Lo único que encuentro es el ficus descompuesto, temblando, abrazado el pobre al marco de la puerta y toooda la tierra desparramada por el suelo, por encima de los muebles blancos de la habitación, por encima de la cama (en forma de pisaditas de gato. Son ellos, no pueden negarlo), por encima de los libros de mi mesilla... no importa el cuidado que ponga. Más tarde o más temprano siempre termino dejándome abierta la puerta de la habitación el tiempo suficiente para que ellos se cuelen y me la líen.


Y es que no deja de ser una paradoja que una asesina potencial de plantas como yo tenga en propiedad dos gatos jardineros.





He buscado en internet y he encontrado soluciones de todo tipo: 
  1. Envenenar a los gatos (un poco extremo, sí, aunque no creáis que no lo he pensado...)
  2. Poner el tiesto en un alto (no, venga, de verdad, ¿¿¿poner en alto un tiesto de veinte kilos???)
  3. Pasar por el tiesto una peladura de naranja ( no funciona. Sacan la tierra y luego se comen la peladura para reponer fuerzas..)
  4. Poner piedras encima de la tierra (lo probaré)
  5. Poner pimienta cayena espolvoreada en la tierra (me da miedo que esta solución derive en la primera y el tema acabe en tragedia...)
Y vosotros, ¿qué hacéis?

viernes, 28 de octubre de 2011

All you need is...a cat

Hacer las tareas de casa es un rollo. ¿A quién le apetece pasarse toda la mañana del sábado limpiando la casa? ¿A quién le apetece fregar los platos después de cena con lo bien que se está uno tumbado en el sofá?

Por eso se agradece tanto que siempre haya alguien en casa dispuesto a aligerar tu tarea, a abandonar su rascador por unos minutos para hacerte compañía y que no te sientas tan solito fregando. No me digáis que no es un encanto este gato :-)



jueves, 27 de octubre de 2011

Ongi Etorri / Bienvenida

Nos (me) preocupaba que estuviera demasiado débil para andar paseando por el monte tan pronto.

Nos (me) preocupaba que le soltáramos la correa y se lanzara como un misil en cualquier dirección y la perdiéramos.

Nos (me) preocupaba que al estar sorda no fuera capaz de oírnos llamarla y no supiera volver con nosotros.

Nos (me) preocupaba que pudiéramos cruzarnos con otros perros y hubiera problemas.

Nos (me) preocupaba todo. Vamos, que si no, no sería yo...

Menos mal que estaban allí Iban, Mintzor y Sua para relajarme y demostrarme (otra vez) que hay que confiar en los tuyos siempre 

Betito, Lucia y María me piden fotos de nuestro paseo por el monte. Os dejo algo mejor: 



Música: Gogak de Esne Beltza

Las miradas que se cruzan en un tren.
Los besos que se dan en la esquina de la barra.
Los momentos antes de dormirse soñando, soñando trascurren los días...
Los castillos construidos en la playa amarilla las olas no los podrán demoler.
Las flores dibujadas con nuestras manos, el tiempo no las cortara.

Antes de que el sueño me venza quisiera despertarme
Antes de que el sueño me venza quisiera soñar
perdido en el camino de los viejos tiempos
verte igual a como te recuerdo.

Dame la bienvenida otra vez
eres la fuente de toda mi alegría.
Dame la bienvenida otra vez
porque vengo para quedarme!


lunes, 24 de octubre de 2011

Sua

Se llama Sua.
Ayer no tenía nombre pero hoy ya lo tiene. Sua. Significa "fuego" en euskera. Nos gusta como suena y creo que a ella también le gusta. Sua. Nuestra Sua. 


Hoy tiene menos pulgas y menos garrapatas. La veterinaria y yo nos lo hemos pasado bomba cazándolas esta mañana y machacándolas sobre una servilleta de papel. Come como una lima y ha tenido la deferencia de vomitárnoslo todo en el coche de camino al veterinario. Le encantan los mimos y los pide con humildad, como si no se los mereciera. Se acerca a nosotros, baja la cabeza y disimuladamente la apoya contra nuestro cuerpo buscando calor, sin estridencias, sin hacer ruido. Yo creo que no termina de creérselo. 


Apenas pesa nueve kilos, tiene cataratas en los ojos, un tumor en una mama y una dermatitis de caballo en la parte de atrás. Pero es, sin lugar a dudas, la perra más bonita del mundo :-) 



domingo, 23 de octubre de 2011

Un encuentro inesperado

Tiene los ojos marrones, enormes y líquidos enmarcados en una carita de perra preciosa. Tiene la mirada humillada y baja, con una mezcla de miedo, de desconfianza y de ganas de que alguien la quiera mucho y la salve de su destino.


Tiene la piel sucia y mate, entre ella y sus costillas no hay nada, ni un sólo gramo de grasa. Lleva la cola entre las patas y solamente un momento la he visto moverla tímidamente, como si no terminara de creerse que estábamos allí para ayudarla. 


Hay algo que no está bien en las patas de atrás y en sus mamas. Las tiene hinchadas, el flanco pelado, las patas de atrás algo torcidas. Las garrapatas y las pulgas se la están comiendo y está tan débil y tan asustada que cuando se pone en pie las patas le tiemblan. También tiembla cuando la acaricio. Tiembla y me mira con los ojos llenos de duda y de miedo. No sabe quiénes somos. No sabe que ya la queremos.


La hemos encontrado esta tarde en una curva cuando íbamos en el coche por una carretera secundaria en Bizkaia. Estaba hecha un ovillo junto a la carretera y hemos pensado que estaba muerta. Nos hemos bajado, le hemos dado un trozo de pan y hemos tenido que seguirla por el monte y el pueblo durante casi una hora. No se dejaba coger. No nos dejaba ni que nos acercáramos a ella. Un vecino nos ha dicho que lleva más de una semana dando vueltas por ahí. Nadie se ha ocupado de ella.


No nos hemos querido dar por vencidos. Uno por arriba y otra por abajo, uno la seguía y otra la esperaba al final de los caminos con un trozo de pan para convencerla. Una y otra vez. Hasta que al final la pobre no ha podido más. Se ha encontrado de nuevo conmigo mientras escapaba de Iban y ya no ha tenido fuerzas para escaparse. Me he acercado a ella y ha bajado la cabeza, humillada y rendida, ha plegado las patas de atrás temblorosas en el suelo. Y se ha dejado coger.


Con una cuerda hemos hecho una correa improvisada y la hemos llevado al caserío de Iban. No nos hemos atrevido a traerla a casa con los gatos . La hemos metido en una habitación con pienso y agua fresca, con una colcha en el suelo para que pueda tumbarse y descansar, la hemos acariciado mucho, mucho tiempo. La hemos acariciado tanto que al final se ha hecho un ovillo a mi lado, encima de la colcha y ha suspirado. Ha suspirado como un perro derrotado. Nos ha roto el corazón.


En unas horas la llevaremos al veterinario. Le quitaremos los parásitos y le curaremos las heridas del cuerpo. Y con el tiempo si tenemos mucha suerte a lo mejor sabemos curarle también las heridas del alma. Para que se olvide para siempre de las personas que no han sabido quererla como se merece.


Ya os contaremos. 

jueves, 13 de octubre de 2011

Venta Solidaria de libros para Esperanza Felina

Para los que no lo hayáis visto aún, todos los beneficios de la venta de libros se van derechitos a los gatos de Esperanza Felina. Animaos y elegid vuestro libro!!! :-)


http://kalekatuak.blogspot.com/p/mis-libros.html

viernes, 7 de octubre de 2011

Aquí ya no cabe un imbécil más.

Eso es lo primero que he pensado esta mañana al oír esta noticia por la radio: "Madrid prohíbe dar de comer a los animales abandonados".


Aquí ya no cabe un imbécil más.  


La Comunidad de Madrid acaba de modificar la Ley de Protección de Animales Domésticos que data de 1990. Consideran infracciones graves temas como fomentar el comportamiento agresivo o tener a los animales atados en malas condiciones, y pasa a ser infracción muy grave grabar imágenes con comportamientos crueles hacia los animales domésticos. Técnicamente el texto fomenta la adopción de mascotas, prohíbe su exhibición para fines comerciales, prohíbe la tenencia de animales peligrosos como si fueran domésticos y amplía los casos en los que puede retirarse al dueño un animal cuando existan riesgos para cualquiera de los dos.


Hasta ahí todo perfecto.


Hasta que descubro que se considera delito (falta leve) alimentar a los animales vagabundos. ¿Cómo es posible? 


Ahora en Madrid te metes en una plaza de toros para ver cómo torturan a un animal hasta la muerte y estás contribuyendo a mantener un bien de interés cultural. Pero si te acercas a una colonia de gatos con unas latitas para que no mueran de hambre te puedes comer una multa de hasta 1.500 euros y eres un delincuente. 


Menos mal que es una ley de PROTECCIÓN de animales.


Es que hay que joderse.


lunes, 3 de octubre de 2011

Cachorrito bueno bonito y gratis

El sábado me di una vuelta por el Mercado de la Almendra en Vitoria y aproveché para hacerles una visita a mis amigas de Esperanza Felina. Para los que no lo sepáis, Esperanza Felina fue la asociación que rescató a Casper y a través de la cual lo pudimos adoptar. Con aquella adopción matamos dos pájaros de un tiro: encontramos al mejor gato del mundo (con permiso de los vuestros) y además conocimos a un grupo de voluntarias maravillosas con las que intento mantener todo el contacto que la locura de vida que tengo me permite. Que no es mucho, pero lo intentamos. 

Y de paso aproveché y me compré un felpudo con tres gatos, una bolsa de la compra plegable con un gato, una carterita con otro gato, dos catnip con sendos gatos para mis gatos, una libreta en la que proclamo que soy la loca de los gatos y aproveché a pagar la pegatina de los dos gatos para el coche que ya os enseñé en un post de septiembre.

 El sábado el tema fue de gatos.

Y hablando de gatos, en el puestito de al lado había uno precioso. Un cachorrito negro que una voluntaria de otra protectora de Vitoria tenía en brazos mientras atendía el puestito. Un cachorrito de pocos meses al que no paraban de manosear, toquetear, coger en brazos y marear. Un cachorrito que además (según la propia voluntaria) estaba un poco resfriado. Por Dios. De verdad. Todos sabemos cómo es un gato. Todos sabemos qué pinta tiene un cachorrito.

¿De verdad es necesario llevar durante varias horas a un mercado lleno de gente y de perros (vi por lo menos 6 perros en el tiempo que estuve allí), con una temperatura que pasaba de largo los veintimuchos grados a un cachorrito de gato medio enfermo? ¿De verdad mejoran sus posibilidades de adopción? ¿Qué respeto estamos mostrando por un animal al que exhibimos como si fuera un jodido peluche? Y lo más importante ¿Qué garantías nos da la persona que va a adoptar a ese pobre minino por un impulso? ¿Cómo sabemos que no es un descerebrado que va a abandonar al pobre animal en cuanto vea que NO es un peluche?

No conozco a los de la otra protectora ni tengo nada en su contra. Seguro que sus intenciones serán las mejores. Pero, joder, de buenas intenciones está empedrado el infierno. 

martes, 27 de septiembre de 2011

Cinco síntomas de que se te ha ido la olla

Existe una raya muy fina entre que te gusten los gatos y que te obsesionen los gatos. Y la mala noticia es que todo el mundo se dará cuenta cuando cruces la raya. Todo el mundo menos tú, claro.  ¿Cómo sabes cuándo te estás pasando de vueltas?

Estos son los cinco síntomas de que tienes un problema:

1. Llevas una lata de comida de gato en el coche.
O si no tienes coche, llevas una lata de comida de gato dentro del bolso. Todo empezó aquella vez que estabas fuera de casa y te cruzaste con un gato callejero, y asumiste que el pobre estaba muerto de hambre, y te sentiste fatal por no poder darle nada para comer. Así que cuando volviste a casa decidiste que no te iba a volver a pasar, agarraste una lata de comida de gato y la metiste en la guantera (o en el bolso). Y desde entonces hasta hoy. Cuando haces esto ya estás en nivel rojo. Ya no hay vuelta atrás. Oficialmente estás como una regadera.

2. Cuando vas paseando, los gatos salen a tu encuentro.
Una de dos: o se ha corrido la voz entre la colonia de gatos de tu barrio de que eres una gatoadicta o apestas a gato y los callejeros ya te reconocen como una igual. Sea como sea el caso es que cada vez que sales de casa terminas cruzándote con uno de esta especie. Y aunque la mayor parte de los gatos del mundo esquivan a los humanos y nunca se dejan coger, tú has encontrado a todos los gatos que suponen el 0,5% del resto de gatos del mundo. Empiezas a pensar que se ha corrido la voz de que eres una loca de los gatos y todos los gatos callejeros llevan una foto tuya en el bolsillo y te acechan detrás de las esquinas para que te los lleves a tu casa.

3. Has pensado seriamente en tatuarte un gato.
O peor aún: ya lo has hecho. Has convertido al gato en la imagen de tu vida y estás convencida de que si fueras un animal serías uno de ellos. O que lo fuiste en la otra vida. O que la mujer-oculta-en-ti es en realidad un Maine Coon. Miras a un gato y te ves reflejada en sus gestos, en su indiferencia hacia el mundo, en su independencia, en su individualidad. No es que te gusten los gatos. Toda tú eres un gato.  

4. En el frigorífico tienes pegada con un imán la cartilla del veterinario de tu gato
Has puesto un papel en tu frigorífico sujeto con un imán en el que tienes apuntadas  las dos inyecciones de Program anuales, las pastillas para desparasitarle internamente cada cuatro meses, el calendario de las vacunas y el peso del gato en la última revisión del veterinario. Aunque en realidad no te hacen falta porque eres capaz de citar de memoria cualquiera de esos datos si alguien te lo preguntara (algo que, por cierto, nadie hará nunca). No. Esto tampoco es normal. O si no contéstame a esta pregunta ¿qué mes te toca la próxima revisión dental? ¿y la próxima visita al ginecólogo?. No vale mirar.

5. Tienes un blog de gatos.
Y lo actualizas regularmente. Y has creado a su alrededor una red de personas que también tienen un blog de gatos y te pasas al menos cada dos días para comprobar sus actualizaciones. Te engañas a ti misma diciéndote que tienes un blog de gatos porque te encanta escribir pero sabes que te mientes. Tienes un blog de gatos porque necesitas hablar de ellos y no conoces a nadie que esté tan loca por ellos como tú. Así que hablas sola. O lo que es lo mismo, te has abierto un blog. Esta es otra señal en zona roja. Ya no tienes vuelta atrás.


5 de 5. Soy, oficialmente, una gatopirada.