lunes, 9 de mayo de 2011

Cómo empezó todo

Todo empezó como empiezan casi todas las cosas importantes: sin avisar. Ikatz entró en nuestras vidas sin pedir permiso. Y decidió quedarse a vivir con nosotros dios sabe por qué. El caso es que aquel veintidós de noviembre él estaba escondido debajo de un seto y se puso a maullar justo cuando nosotros pasábamos a su lado. Ni un minuto antes ni un minuto después.

Nos pusimos cardiacos. Una carretera llena de coches a nuestra derecha y un señor paseando un perrazo enorme justo detrás de nosotros. Cuando me lancé hacia el seto mi novio me paró con la mano “No. Lo vas a asustar”. Durante un segundo de pánico pensé que aquello iba a terminar en tragedia. Pero no. Iban se inclinó, lo agarró sin miramientos y me lo puso encima.  

El gato se dejó coger sin la más mínima protesta, me miró con sus ojazos verdes enormes, se acurrucó en mis brazos y me adoptó.

Por supuesto yo tardé un poco más en darme cuenta de que aquel trato ya estaba cerrado.

Llamé al timbre de la casa de al lado buscando a sus posibles dueños y hasta pensé en pegar carteles por todo el barrio. Y no fue hasta el día siguiente cuando el veterinario me preguntó qué iba a hacer con él, cuando caí en la cuenta de que, sin ninguna duda, aquel gato ya era nuestro. Y que no había nada más que hablar.


La primera semana fue dura. Las heridas de las patas fueron lo más fácil. La infección respiratoria nos costó un poco más. Antibióticos y varias visitas al veterinario. Y el pobre gato como un yonqui con la mirada perdida y tirado todo el día sobre la manta del sofá.

-          Parece un carbonero

Un gato blanco carbonero. Lleno de manchas por todos los sitios. Una de ellas en medio del moflete derecho, en el sitio exacto para darle ese aire de golfo que hace que él me mire y yo le perdone todo.

Y así es como dejó de ser un gato callejero (un kalekatue) y pasó a ser nuestro Ikatz (carbón en euskera).


4 comentarios:

  1. Me ha encantado. Realmente eso de "adoptar un gato" es toda una presunción humana, cuando está claro que son ellos los que nos adoptan a nosotros.

    Con Edgar me pasó una cosa muy parecida. Veo que al igual que yo llevas poco en el mundo bloguero gatuno. A pesar de todo he estado encontrando blogs de gatos muy interesantes y me alegra haber dado contigo.

    Saludos!

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  2. Elvira, gracias por leerme :-) un abrazo

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  3. Aun a riesgo de repetirme...siempre encuentro super emotivas estas historias..

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  4. Umpa Lumpa no es exactamente un gato... pero la maayoría de los gatos que han entrado en mi vida han sido de forma imprevista... Y la historia de Umpa se parece. Sólo que me costó casi un mes tener claro que me lo iba a quedar para siempre jajaja (todo eso después de que tras la segunda noche conmigo ya estuviese yo medio llorando por la pena que me iba a dar deshacerme de él...)

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