miércoles, 30 de noviembre de 2011

Bicho a Bordo!!!

Estos días el metro de Bilbao anda revuelto. El caso es que la normativa actual sólo deja entrar gatos y perros que pesen menos de 8 kilos y los propietarios de perros y gatos más gorditos están que trinan porque ellos también quieren llevar a sus mascotas en el metro.

 A pesar de ser la orgullosa propietaria de tres gatos y dos perros, y de vivir a cien metros de una boca de metro, para ser sincera la polémica no me afecta en absoluto. Nunca cojo el metro para nada, y desde luego nunca meto a mis animales en él, pero de todas formas no he podido evitar leer los comentarios que la gente ha dejado en el periódico al hilo de la noticia.

Y he seleccionado algunos que me recuerdan por qué nunca cojo el metro.

ASUNCIÓN: “Bueno, a mi me da igual que el perro este bien educado o no porque soy alergica a perros y gatos. Si paso mas de 15 minutos cerca de un animal con pelo empiezo a estornudar (por muy limpio que este, eso no influye). Y el problema es que cuando el animal se va, el pelo que se le ha caido no y eso puede seguir afectandome ¿que pasa con los que somos alergicos? ¿Vamos a tener que ir mascarilla en mano y con los antiestaminicos para poder ir en el metro?”

Mi amiga Asunción además de ser alérgica a los perros y a los gatos es alérgica a los acentos. Debe ser que le han contado que cada vez que escribes con faltas de ortografía un orco se come a un gatito, y ha decidido colaborar al exterminio con su falta de cultura. Pero para ser sinceros, yo la entiendo.  En el fondo las dos nos parecemos. Ella es alérgica al pelo de los gatos y yo soy alérgica a todas esas guarras que van en el metro sentadas a mi lado y no se han lavado el pelo desde hace dos semanas.

Recuerdo especialmente a una estudiante morena que iba vestida con vaqueros, botas de caña con pinta de ser carísimas y una chaqueta super-pija de pana marrón, con una carita de muñeca preciosa y perfectamente maquillada y el pelo recogido en una coleta y varias horquillas. Digo que la recuerdo porque se puso delante de mí, dándome la espalda y recuerdo perfectamente bien cómo las horquillas le separaban los mechones grasientos en pequeños grupitos divididos por las líneas blancas del cuero cabelludo. Pero especialmente recuerdo el olor, como una mezcla agria de olor a polvo y aceite de coche todo mezclado. Se subió en Algorta y se bajó en la Universidad de Deusto y mientras intentaba frenéticamente mantenerme separada de ella y de aquel olor inmundo no podía dejar de sentir compasión por los pobres compañeros de clase que iban a compartir toda la tarde el mismo aire que aquella mofeta de buena familia de la margen derecha de Bilbao. Para que luego digan que la vida de estudiante es fácil…

ADRR: “las cagadas las recojen, bien (aunque no siempre) y que ocurre con las meaditas; que resulta que vas paseando entre unos soportales llenos de columnas y estan todas toditas llenas de meadas, que da un asco de cojones”

Otro dispuesto a terminar con los gatitos a base de destrozar el idioma con sus faltas de ortografía. Tiene toda la razón mi amigo ADRR: las meadas en los soportales dan un asco de cojones. Lo sé porque todos los años cuando se organizan las fiestas de mi barrio todos los cerdos de los alrededores se dan cita en la plaza donde vivo para ponerse ciegos de alcohol y soltar sus asquerosas meadas en nuestros precisos portales. Todos los años rezo con fervor para que alguna vez se cierre de golpe algún portal y le enganche a alguno la pichurrilla. Por el lado de las bisagras a ser posible, que duele más.  Pero me estoy yendo del tema,  que aquí estábamos hablando de perros y no de cerdos, no?  

ANTEA: “No se trata de intolerancia, a demás hay mucha gente a los que no les gustan, les tienen mideo etc y no tienen porque tragar con ello.”

De nuevo tiene razón esta mujer. Estar en un vagón de metro cerca de algo que te da miedo es una experiencia aterradora. Hace unos meses sin ir más lejos estaba en un vagón del metro de Barcelona y en una de las paradas entró de estampida un energúmeno moreno, alto y fuerte que no paraba de gritar DIOS TE AMA, DIOS TE AMA, DIOS TE LIBERARÁ DEL PECADO Y CASTIGARÁ A LOS PECADORES CON LAS LLAMAS DEL INFIERNO ARREPIÉNTETE DIOS TE AMA.  Gritaba a pleno pulmón el tío y estaba tan entregado que los ojos se le salían de las órbitas. Desde siempre tengo un imán para los putos lunáticos que andan por el mundo, de forma que si hay alguno a menos de un kilómetro a la redonda, indefectiblemente se siente atraído hacia mí. Este no podía ser menos así que se vino derecho a donde yo estaba y empezó a gritarme a la cara. Mientras le miraba impasible (por dentro estaba acojonada) le prometía a la Virgencita dos velas si me dejaba salir de aquel vagón sin que el puto pirado ese me metiera un guantazo. A saber si resulta que aquel día me había levantado con cara de pecadora o algo. Y yo sin saberlo.

LECHEMERENGADA. “¿Y si un perro se marea y vomita? Eso pasa, que lo he visto. ¿O si está enfermo y vomita?”

Eso pasa, que lo he visto. Me encanta esta tía. Yo también lo he visto, pero no era un perro. Era un pavo que volvía a las seis de la mañana a su casa después de haberse pasado toda la noche hidratándose a cubatas. El vagón se fue quedando vacío y al final nos quedamos tres personas: una chica que estaba sentada a mi lado, un chico que estaba sentado detrás de nosotras y yo._

El caso es que a una determinada altura empecé a oír ruidos raros a mi espalda. Gruag. Arc. Gruarggg. Arj. Arj. Gruuuarrrrgggg. La chica y yo nos mirábamos de reojo. Joder. Me daba miedo girarme. A ver si me encontraba con la niña del exorcista en camisón, con los dientes llenos de sarro, los ojos como platos y llena de pústulas. Me entró un mal rollo...

Pero no. No era la niña del exorcista, aunque tenía un interesante detalle en común con ella. El vómito. Nada más oír el chapoteo en el suelo supe lo que estaba pasando. El olor rancio de alcohol mezclado con jugos gástricos me lo confirmó. El tío detrás nuestro estaba echando allí los hígados fermentados. Cuando miré el suelo los ríos de vómito se desplazaban atrás y adelante por todo el vagón.( Espero que no estéis picando algo mientras leéis mi blog, porque os perderé para siempre…) La otra chica y yo nos levantamos como si tuviéramos debajo del culo un muelle y salimos disparadas hacia la puerta del siguiente vagón. Ni nos miramos. Si nos llegan a cronometrar en ese momento pulverizamos todos los records de velocidad. 

Cuando me bajé de aquel vagón hice como Escarlata O`Hara. Me puse de rodillas en el andén, cogí un puñado de polvo del suelo, miré hacia la garita del controlador y a Dios puse por testigo que nunca volvería a pillar el metro para volver a casa por la noche. Prefiero pasarme toda la noche bebiendo zumitos. O pagarle treinta euros a un taxista. O quedarme en casa viendo El exorcista. Como dice mi amiga Lechemerengada eso pasa, que lo he visto.

Ahora ya sabéis por qué nunca cojo el metro. Y por qué nunca metería allí a ninguno de mis bichos. Los quiero demasiado para hacerles algo así.

12 comentarios:

  1. Jajajajajaja. Muy buenos ejemplos, y tienes razón. La verdad es que la gente del metro es muy desagradable. A mí hasta me da asco cogerme de las barras metálicas que hay para no partirme la crisma. Y es que... a saber quién las ha tocado. Y luego la gente no se lava y hay un tufo que es para marear. A ver si la que va a entrar en el metro con mascarilla y desinfectante en mano voy a ser yo... Que sí, que la gente es muy "escrupulosa" con los bichines, pero eso no quita que ellos se comporten como alimañas. Menos criticar...

    ResponderEliminar
  2. JUAS!!!! Ya me empezaba a extrañar que no opinaras sobre este tema. Ví la noticia por la tele y pensé... habrá post!! Y me he reído un montón otra vez. Me gusta mucho tu manera de explicar, dar tu opinión y usar la ironía... Y defender lo que es de sentido común, al menos para mí. No he viajado nunca con mis mishos ni en tren ni en metro y en el coche lo evito (se marean)por lo qué no sé cómo les sentaría... Pero tienes tanta razón!!! Hay mucho cerdo suelto(con perdón para los cerdos) y tenemos que convivir-viajar sin rechistar...

    ResponderEliminar
  3. Elvira, sí!!! jajaja, lo de las barras también me ha pasado a mí, qué ascazo por favor, cuando te agarras y notas como que está húmeda o pegajosilla, puaggg

    Bb: qué bien me conoces :-) la verdad que la noticia no me inspiró mucho porque nunca los llevo en metro, pero cuando leí los comentarios de la gente no podía parar de reírme. Es que me lo ponen en bandeja...

    ResponderEliminar
  4. Asunción, Adrr, Antea, Lechemerengada: por favor, seguid comentando las noticias para que Eva a su vez comente vuestros comentarios...
    Y qué me decís de esa sensación de posar el trasero en un asiento que aún está calentito?... mmmmm....

    ResponderEliminar
  5. uo!! totalmente con vosotros! el metro de barcleona da mucho asco y además hay ahí un clima tropical que debe ser lo más insano del mundo. Ya puede estar la ciudad helada que llegas a la parada de metro y parece que estás en el trópico.. y los meados de la gente que salió la noche anterior, los chicles en los asientos, la mierda del típico niñato idiota que pone los pies en el asiento...que grimaaaa

    ResponderEliminar
  6. El metro de Bilbao es relativamente nuevo, así que en general es bastante bonito, pero a ciertas horas me apuesto lo que queráis a que el que mejor huele de todo el vagón es el perro...

    ResponderEliminar
  7. JAJAJAJAJA ¡¡Cuánta razón!!
    Por no decir que la alérgica a los gatos, además de no dar una con la ortografía, no sabe ni cómo se llama su propia medicación...
    Por favor.. antiHISTAMÍNIMOS (de histamina!!! jaja)

    La verdad es que yo el metro con animales tampoco lo he usado mucho, pero el tren sí. Y me pueden decir MISA, que además de permitido, tengo un billete que cuesta casi más que el de cualquier pasajero.

    En las condiciones para coger billete, pone algo así como que "si nadie se niega"... Hasta el momento he tenido solo miradas:
    -Miradas cómplices: ay qué Umpa más mono llevas
    -Miradas semiasesinas: "espero que no te toque sentarte a mi lado"

    Pero vamos, como algún día me lleguen a decir que alguien ha puesto pegas y que me tengo que cambiar de vagón (o peor, ir en tren)
    1-Recordaré todos los puntos que has dicho
    2-Cualquier persona da más guerra que mi Umpa en el tren (incluso yo)
    3-Cualquier persona huele peor que mi Umpitas. Que el pobre se ducha a diario vairias veces.
    4-Que me digan algo malo que hace el Umpa y que los humanos no hacen
    5-Que me indemnicen... jejeje

    Odio cuando alguien critica el tema de "cacas de perros" (que a mí tampoco me gusta) y luego son los primeros en tirar un papel al suelo... Enga ya...

    ResponderEliminar
  8. para no coger nunca el metro para nada(como has escrito), tienes mucha experiencia en viajes.

    ResponderEliminar
  9. jajaja, ¡Qué verdad!
    Ir en metro es una aventura, pero realmente no creo que sea para tanto... En Barcelona, los perros van con correa y fin. Y puedes ver las caras de la gente (asco total...) hacia los pobres animalitos.
    Me da mucha rabia que la gente sea así. Pero qué vamos a hacerle! Tiene que haber de todo...

    Muy buena la entrada!

    ResponderEliminar
  10. Irene, a mí es que Umpa me parece TAN mono que estaría encantada de tenerlo a mi lado un viaje entero...y dos!
    Vitoria :-) nunca, nunca, tampoco, digamos que sólo lo cojo cuando hay una fuerza mayor, por ejemplo, que tengo el coche en el garaje o que voy a ir a una cena y es inevitable beber un poquito...pero lo menos posible
    Halia, menos mal que a los perros les importa un pimiento cómo les miren, jejejeje

    ResponderEliminar
  11. Muy bueno, esto que escribes es la absoluta verdad, pobres animales meterlos al metro seria una experiencia traumatica para ellos!!! Y los hombres que gritan dios te ama o algo por el estilo que me ha pasado a mi también, que lo he visto, y doy fe del miedo que puedes llegar a sentir!!

    ResponderEliminar