martes, 14 de junio de 2011

Por qué dos es mejor que uno

¿Os acordáis del anuncio de los Donuts? Aquel que decía que dos Donuts son mejor que uno. Pues con los gatos pasa igual. No sé si la verdad será extrapolable y se podrá decir que tres son mejor que dos y cuatro mejor que tres, pero desde luego dos sí que son mejor que uno. 

Si tienes un gato y te apetece tener otro pero no lo tienes claro, o mejor aún, si tienes un gato y ni siquiera se te ha pasado por la cabeza tener otro, pero de todas formas has caído en este post y lo estás leyendo, que sepas que esto es para ti. Para explicarte que dos gatos son mejor que uno:

Dos gatos dan el doble de trabajo que uno.

En realidad dos gatos dan la mitad de trabajo que uno porque se entretienen juntos y no te demandan tanta presencia. Te seguirán queriendo como si fueran hijos únicos pero podrás irte a trabajar o de vacaciones y dejarlos juntos sabiendo que no se sentirán solos y que la separación no les provocará tanta ansiedad. Cuando estás en casa se pasarán casi todo el tiempo juntos y tú descubrirás la maravillosa sensación de sentarte a mirar lo bonito y lo divertido que es el espectáculo de dos gatos jugando juntos.

Dos gatos son más caros que uno.

Es lógico que dos animales supongan un poquito más de gasto que uno solo. Pero sólo un poquito más. Los dos gatos van a compartir juguetes y accesorios, así que no tendrás que comprar más. Además, muchas protectoras tienen acuerdos con veterinarios para que te salga más barato ponerle las vacunas y esterilizarlo. Y si compras paquetes grandes de comida, el kilo sale más barato que con paquetes pequeños. No te saldrá mucho más caro, de verdad.

Es mejor comprar porque te dan garantías de raza. 

Por favor, no compres gatos. Pagando por adquirir un animal estás contribuyendo al comercio de seres vivos. Y de forma indirecta también estás contribuyendo a que gente sin escrúpulos los explote, les haga daño, les maltrate, les haga vivir en condiciones terribles. En algunos lugares del mundo están empezando a prohibir el comercio de gatos y perros. Si amas a los gatos, por favor, no los compres. Sacando a otro gato de la protectora no salvas a un gato, salvas a dos: al gato que llevas a tu casa y al que llegará al sitio que deja libre el gato que te has llevado. Y seguramente también estás salvando otros gatos que no se comercializarán como si fueran mercancía porque tú no contribuyes a que haya suficiente demanda.

No compres, adopta. Demuestra de qué raza estás hecho tú. 


lunes, 13 de junio de 2011

In-eficiencia energética

Tiene que ser defectuosa. 


Es imposible que una minicadena musical desprenda tanto calor incluso estando apagada. Cuando pones la mano encima es como tocar una plancha. 

Terrible. 

Debería quejarme al fabricante, es una vergüenza semejante derroche energético en un electrodoméstico que, en teoría, traía la etiqueta de eficiencia energética.

Debería quejarme...

...pero creo que ellos dos no estarían nada de acuerdo.... .-)


miércoles, 8 de junio de 2011

Estrenamos rascador!

Compramos nuestro primer rascador cuando Ikatz era un cachorrito para que aprendiera a afilarse las uñas sin destrozarnos el mobiliario de casa. Un rascador pequeñito, que entonces parecía enorme con el pobre gato haciendo esfuerzos por trepar con uñas y dientes.


El caso es que siete meses y otro gato después el rascador se nos ha quedado más que pequeño, enano. Así que nos hemos pasado por Zooplus (en la web de Esperanza Felina tenéis el banner para entrar) y por poco dinero nos hemos hecho con este rascador nuevo.


Es tan bonito que hasta yo tengo ganas de trepar por él :-)




Nota: actualizado con nuevas fotos 

lunes, 6 de junio de 2011

Sólo mimos

Mi novio se ríe de mí y dice que los gatos piensan que soy la chacha (la chica de servicio, la que limpia la casa, vamos). Ahora lo primero que hago al entrar al baño es comprobar que no hay cacas en la caja, y lo primero que hago al entrar en la cocina es echarle un vistazo a los comederos para asegurarme de que hay agua fresca y comida suficiente para mis dos fieras. 

No abro una puerta sin comprobar antes que las ventanas están aseguradas contra saltos imprevistos a la calle y no pongo un pie delante del otro sin mirar al suelo para no pisar a ningún peludo (eso me costó un poco más…unos tres o cuatro maullidos salvajes de dolor, más o menos).

Cuando oigo un maullido debajo de mí, ya sé que tengo que abrir una latita de comida o que tengo que arreglar algún pequeño desastre doméstico para que mis bichos estén cómodos. Además, un maullido siempre provoca un diálogo más o menos así:

Miau
¿Qué?
Miau
¿Tienes hambre?
Miau
Ahora te abro una latita
O bien algo así:
Miau
¿Qué?
Miau
No. No te abro la puerta de la terraza que te puedes caer
Miau
Que te he dicho que no, que todavía eres pequeño
Miau
Que-no. No seas pesado.
Acción-reacción. Menos hoy a la mañana que ha sido un poco diferente
Miau
¿Qué? Si acabas de comer…
Miau
¿Tienes más hambre? Pero si tienes comida en el cuenco…
Miau
¿Qué?
Miau
Ahí esta el enano. A mis pies. Mirándome desde abajo con esa carita ansiosa y las ojeras que se le ponen cuando se acaba de despertar y todavía está medio dormido medio despierto. Recién comido, el arenero limpio, las puertas abiertas…¿qué le pasará a este gato?. Misterio.

Así que le he cogido en brazos, boca arriba, como si fuera un bebé. A ver si teniéndolo más cerca entiendo que significa el miau misterioso. Le he tocado la nariz con la punta del dedo. Y luego le he tocado la nariz con mi nariz. Y he notado ese olor a gato limpio, a calorcito, a pelitos suaves. He notado una sonrisa muy tonta en mi cara y he puesto un poco de mi pelo delante de su cara porque le encanta pegarle con las patitas y jugar con los mechones que se le enredan entre las uñas. Lo he apretado un poquito más fuerte contra mí, aprovechando que se dejaba.

Ya no maulla
No…
¿Qué le pasaba?
No sé.
Este golfo lo que quiere son mimos…
Será eso. Ni comida ni agua ni juguetes. Sólo mimos.


jueves, 2 de junio de 2011

Gatito mon amour

Y es que cuando hay amor, no hay forma de ocultarlo. Se nota. Se ve. Se respira en el ambiente. Se sabe... :-)


En busca de los bigotes perdidos

No intervenir.

Eso fue lo que dijo el vete. No intervenir. Cuando les veáis que están jugando y se ponen un poco brutos, no intervengáis. Es mejor que resuelvan sus diferencias ellos solos, dijo. Es mejor que decidan entre ellos sus reglas de convivencia, dijo. No intervengáis.

En mi casa lo que dice el veterinario va a misa. Es como la palabra de dios. Así que cuando les oigo perseguirse por todas las habitaciones de la casa, ni caso. Cuando el pequeño se tira en bomba encima del grande y le muerde una pata, ni caso. Cuando algún gato frena la carrera contra una puerta y hace que tiemblen hasta los marcos, ni caso.

Yo, ni caso.

La única vez que tengo que obligarme a estar quieta y no intervenir es cuando el pequeño va perdiendo la batalla y se pone a maullar de forma lastimera y me tengo que comer las uñas hasta los codos para no ir a cogerle en brazos y empiezo a respirar hasta que hiperventilo. Que en lugar de una pelea de gatos, eso parece un parto. Arf. Arf. Arf. No intervenir. No intervenir. Arf. Arf. Arf

Hasta que el otro día jugando con Casper encima del sofá, me di cuenta:

-          Cari. Que este gato ha perdido los bigotes.
-          ¿¿¿???
-          Que sí. Mira. ¡¡¡ Que le faltan los bigotes del lado izquierdo!!! (todo esto dicho con un tono crecientemente histérico)
Y era verdad. Ahí estaba mi ratita mirándome de frente sin entender nada, con los bigotes del lado derecho más largos que los del lado izquierdo.

-          Esto ha sido Ikatz. Tanto pelearse, tanto pelearse, que le ha arrancado los bigotes. ¡Joer con el “no intervenir”!
No tengo suerte con los bigotes. Cuando Ikatz llegó a casa tenía  los bigotes completamente chamuscados. Vete tú a saber dónde los habría metido. Ahora Casper llega a casa desbigotado. Afortunadamente yo soy de la línea de mis bichitos y tampoco me sale bigote nunca.

Y  la pregunta más importante. ¿Dónde están los bigotes perdidos?

En casa, no. Aquí tengo la prueba que demuestra que cuando lo adoptamos, los bigotes del lado izquierdo no venían en el contrato de adopción.



Nota: la foto que ilustra este post es de la fotógrafa Ainhoa Bonifacio, una de las colaboradoras de Esperanza Felina.