domingo, 28 de abril de 2013

No le des besos al gato.

Cuando era pequeña mis padres tenían una gata salvaje viviendo con nosotros, una que me regaló un vecino cuando tenía 7 años, que iba a pasar un par de semanas con nosotros antes de llevarla al pueblo y que salió de casa 15 años después cuando le dio la gana morirse. Ni un minuto antes.

De aquella época se me ha quedado un recuerdo grabado que me viene a la cabeza cada vez que le doy un beso a uno de mis gatos: la voz de mi padre diciéndome "no le des besos al gato". 

Han pasado 30 años y sigo oyendo esa voz cada vez que achucho a uno de mis bichos. No le des besos al gato. Pero ¿quién puede resistirse? Es que los veo ahí, como hoy, disfrutando del solecito del domingo por la mañana, tan pánfilos, y no me puedo resistir a comérmelos a besos...



miércoles, 24 de abril de 2013

Un amigo mío necesita ayuda

Tengo un amigo que necesita ayuda. Os lo presento:





Mi amigo vive en una colonia de gatos salvajes entre Álava y La Rioja. Tiene unos dos años y un problema: es un cachito de pan. Las chicas que le dan de comer dicen que cuando llevan comida a la colonia, mi amigo siempre se acerca a pedir cariñitos. Durante el invierno la colonia está aislada, pero en verano es un punto de encuentro de domingueros y tienen miedo de que mi amigo se acerque a pedir mimos y alguien le haga daño. Me dicen que se entrega desparasitado, vacunado y con chip. Tenemos que sacarlo de allí como sea.

Os dejo con sus palabras :-)

 Hola, no se como me llamo, ya no me acuerdo porque me abandonaron hace mucho tiempo y ya nadie me hace cariñitos aunque yo estoy deseando tener un humano para darle muchos besos. Si me adoptas me puedes poner el nombre que tu quieras, porque yo soy muy buen gatito, cariñoso a tope y estare siempre a tu lado. Ahora vivo en una manada con muchos mas, pero no me quieren, dicen que no me he criado con ellos y que soy un extraño, asi que mas bien estoy solito. Yo estoy deseando conocerte, asi que llama y pregunta por mi, que estoy esperándote.

viernes, 12 de abril de 2013

¿Y los gatos?

No fallan.

Ahora que voy a ser mamá hay dos preguntas que no fallan. 

La primera es:  
-¿No os casáis?

Siempre me da como corte cuando me hacen esa pregunta. Pero no corte por mí, que tengo la cara más dura que un adoquín, no. Es más bien como vergüenza ajena. Como cuando a alguien se le escapa un pedo delante de ti y lo pasas fatal por él. Por empatía. Pues igual. Que alguien se permita hacerme esa pregunta me provoca hacerle una pregunta que implique el mismo grado de intimidad:
- ¿No os casáis?
- No. ¿Ya te has puesto bragas limpias esta mañana para salir de casa?

La segunda es: 
- ¿Y los gatos?

Esta más que vergüenza, lo que me provoca es mala leche. ¿Y los gatos? Los gatos ¿qué?. ¿Qué pasa con los gatos?. Normalmente la pregunta va seguida de un silencio sepulcral. No te dicen lo que pasa con los gatos, prefieren que lo adivines. ¿Y los gatos? 

Los más osados van más allá. ¿No los vais a quitar?.

No entiendo lo que significa "quitar los gatos". Bueno, en realidad sí que lo entiendo. Pero quiero que la persona que me lo pregunta tenga las narices de decírmelo en mi cara. ¿Los tocas con una varita mágica y desaparecen? ¿Los envías al mundo feliz de los gatos-que-han-sido-quitados? ¿Los borras con una goma?. ¿Por qué no me dices directamente que crees que tengo que abandonarlos para que se mueran de hambre, de frío y de miedo lejos de nosotros y de todo lo que conocen? O mejor, ¿por qué no me planteas directamente que los mate? 

Y luego ya están los impertinentes, los que directamente te desafían:
- Podrían atacar al niño. Que los gatos son muy celosos.

Tiene gracia. Que no sabes ni cómo se llaman mis gatos, pero sabes que son muy celosos. Si es que no hay más que verlos. Dos bestias sedientas de sangre ansiosas por destrozarle el cuello a mi hijo a la primera oportunidad que se les presente. Como si les hubiera enviado el mismo diablo hace dos años justamente con ese fin, igualito que en las películas de terror. Si es que no se puede ser más idiota.

- Le van a llenar de pelos la cuna, que se los va a meter en la boca y por todos lados, ya verás. 

Otra. Que ya me ocuparé yo de que la cuna de mi hijo no tenga (demasiados) pelos. Eso sí, como toques al niño sin haberte lavado las manos antes, con lejía, y delante de mí, te las corto. Que a saber en qué sitio asqueroso habrás tenido metidas esas manos repugnantes tuyas...

Lo pienso pero no lo digo. Soy demasiado educada. Me muerdo la lengua, me callo y me limito a poner Cara de Ikatz. Una cara como esta:







jueves, 11 de abril de 2013

Año II D.C

Año dos después de Casper.

Me acordaba de la canción: "sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada"...cuando esta tarde he caído por casualidad en la ficha que Casper tenía en Esperanza Felina cuando lo adoptamos. Y el caso es que ya hace dos años que Casper vive con nosotros. Veinte años no sé, pero desde luego dos años no son nada.

Parece que fue ayer cuando lo conocimos: hablador, mimoso, todo orejas y sin embargo se me había olvidado lo pequeñito que era y cuando he vuelto a ver las fotos se me caía la baba. Porque la verdad es que parece que fue ayer, pero a la vez parece que Casper siempre ha estado aquí. 

Qué aburrida tenía que ser la vida A.C (antes de Casper).

Ya no sabría ver la tele sin tenerlo pegado a mí, debajo de la mantita cuando me tumbo en el sofá, ni podría dormir sin sentirlo entrar despacito por debajo del nórdico cuando cree que estoy dormida y no le voy a echar. Las cenas no serían iguales si no empezaran con un concierto de maullidos atronadores para pedir su latita-con-caldito-caliente antes de que pongamos la mesa para los humanos. La vuelta a casa no tendría sentido sin él y sin Ikatz plantados delante de la puerta esperando nuestra llegada. No podría trabajar con el portátil sin  tenerlo delante de mí, arrastrándome la cola por la nariz cada cinco minutos. Creo que ya no sabría maquillarme sin tenerle a mi lado mirándome a través del espejo y sin parar de maullar. 

A veces pienso que ya no tengo nada que escribir sobre Casper porque hemos caído en la rutina. Y ahora me pregunto si no será que no se me ocurre nada que escribir porque ya no es una novedad en mi vida, porque ha pasado de ser nuestro gato a ser un trocito más de nosotros. Una parte sin la que ya no sabríamos vivir.