viernes, 27 de septiembre de 2013

Crónicas de Casper: Las cosas importantes de la vida

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Abro un ojo. Amatxu está sentada al otro lado del sofá con el ordenador encima de las rodillas. Qué sueño tengo...cierro el ojo. Lo vuelvo a abrir. Si sigue sentada en esa postura, luego se quejará de que le duele la espalda, como siempre. No sé por qué está trabajando. Desde que nació el Gato sin Pelos no ha vuelto a la oficina, no tendría que estar trabajando hoy. Mira fijamente a la pantalla y casi ni parpadea, y toca con los dedos encima de ese cacharro a toda velocidad. Parece enfadada. Suspiro. Tendré que dejar la siesta para otro momento.

Me levanto y me acerco a ella. Ni me mira. Me acerco más. 
- Casper
Lo dice suavecito con los ojos clavados en ese trasto, como si no me viera. Así que me acerco más y paso el morro por la esquina de arriba de la pantalla dejando allí todas mis babas.
- Casper
Ahora lo dice más alto, me lanza una mirada rápida fastidiada y me empuja un poco. Me echo hacia atrás, como si me rindiera, me quedo quieto y sin previo aviso doy un salto y caigo sobre las teclas. Tachán!
- Casper
Eso lo ha dicho gritando. Sin quitarme de mi sitio me giro hacia su cara, doy un maullidito de los míos (briauuu) y le paso la nariz por su nariz. Sé que eso le gusta.
- Casper
Eso ha sonado más bien resignado. Aprieta su nariz contra la mía y me acaricia debajo de los bigotes.
- Puñetero gato, qué malo eres, pero qué malo eres, lo sabes, ¿no?

Lo dice con un tono dulce, bajito, la miro de reojo y veo que tiene una sonrisa en la boca. Ya no parece enfadada y los ojos le brillan otra vez. Así está mejor. Hago una croquetilla sobre el teclado y me dejo caer hecho una bola a su lado. Estos humanos nunca saben qué es lo importante...me gustaría decirle que dentro de mucho tiempo, cuando ella sea una viejita, cuando el Gato sin Pelos sea mayor, cuando Ikatz y yo ya ni siquiera estemos con ella, no se acordará de aquel trabajo que ella pensaba que era tan importante...pero sí que se acordará de las croquetillas, de las naricitas de gato mojadas y de mis babas encima de la pantalla. En la vida hay que saber qué cosas son importantes y qué cosas no lo son.

Qué sueño tengo. Meto el morro en el hueco del brazo de Amatxu y cierro los ojos de nuevo. Creo que me voy a echar otra siesta....



martes, 10 de septiembre de 2013

Encuentra las diferencias

Os propongo una adivinanza: os reto a encontrar la principal diferencia entre este cachorro:





y este otro:





Ya lo sé, estaréis pensando: "qué fácil: pues uno tiene el cuerpo lleno de pelos y el otro no, uno tiene bigotes y el otro no, uno ladra y el otro no, uno come huesos y el otro sólo leche...". No, no, no, nada de eso. No pensaríais que os lo iba a poner tan fácil...os voy a contar dos historias para ayudaros a encontrar LA DIFERENCIA.

Hace tres meses el primer cachorro (el de las manchas en la nariz) se nos puso malito. No quería comer, andaba raro y tuvo un amago de ataque feo, feo. Así que lo cogimos, lo metimos en el coche y desde allí mismo llamamos a Roberto, su veterinario, para decirle que íbamos para la clínica. Roberto nos recibió nada más llegar, revisó al cachorro, le hizo un análisis de sangre, sacó los resultados y después nos metió a todos a una sala minúscula para hacerle una ECOGRAFIA del hígado, confirmar un problema hepático y darnos un tratamiento. Tiempo transcurrido: 3 horas.

Hace un mes, el segundo cachorro (el del chupete) tuvo una revisión pediátrica en la seguridad social. La pediatra detecta un posible problema y nos hace un volante para pedir una ECOGRAFÍA de la cadera. Vamos con el volante a información del centro médico para pedir la hora en el hospital de Cruces. El ordenador no nos deja coger hora así que envian un fax y nos dicen que nos llamarán en breve desde el hospital para darnos cita. La semana siguiente vuelvo al centro médico tres veces para informarles de que no he recibido ninguna llamada.Me dicen que tenga paciencia, que ha habido un puente en medio. Tengo paciencia. La semana siguiente vuelvo otras dos veces más al centro médico para decirles que siguen sin llamarme desde el hospital. Me dan el teléfono del hospital para que YO confirme si tengo o no tengo cita. Vuelvo a casa. Cuando me harto de que en el hospital nadie coja en teléfono vuelvo al centro médico. Empiezo a enfadarme. Desde información llaman a mi pediatra. Mi pediatra les pide que vuelvan a enviar el fax. Mandan el fax. Vuelvo a casa. A los tres días vuelvo al centro médico porque nadie me ha llamado. La de información se digna a llamar ella misma al hospital. A ella sí que le cogen el teléfono (oh, milagro!). Cuando cuelga me dice que ya tienen mi petición en el hospital. Que están saturados de trabajo. Que me vaya a casa y que me llamarán en breve. Un mes después nadie me ha llamado así que llamo a un centro privado de Bilbao para pagar de mi bolsillo una ecografía (así y todo tardan una semana en darme cita) y asegurarme de que la llevo debajo del brazo cuando vaya a la próxima revisión con la pediatra del cachorro número 2. Tiempo transcurrrido: 1 mes o, para ponerlo en la misma unidad temporal que el cachorro anterior, 744 horas. Y todavía no tenemos diagnóstico.

Solución a la adivinanza:

Vivo en un país donde mi perro tiene mejor asistencia médica que mi hijo.