domingo, 28 de septiembre de 2014

En boca cerrada...

El viernes por la noche me fui a cenar con unas amigas. Volví tarde y entré en casa como un ladrón, calladita y de puntillas, con los zapatos en la mano y tratando de hacer el menor ruido posible, mientras Casper me miraba desde el piano con cara de reprobación "pero ¿qué horas son estas?" e Ikatz abría un ojo desde el rascador del salón y me miraba con absoluto desprecio "le parecerá a la tía esta que está siendo silenciosa...seguro que viene borracha". 

Y no, borracha no venía, pero contenta, sí. Para qué vamos a mentir. Con esa sonrisa tonta que se te queda en la cara cuando vienes de una cena de chicas en la que te has hartado de cotillear y de reírte. Y donde te has metido dos cervezas, un crianza y dos gintonics del tirón. Ya me entendéis.

El caso es que al abrir el correo mientras me tomaba la última (de leche) en la cocina, la sonrisa tonta se me borró del todo. Y me acordé de una de mis frases estrella: " más vale cerrar la boca y parecer tonta, que abrirla y despejar todas las dudas". 

Te tenías que haber callado - pensé. Tenías que haber cerrado la bocaza y haberlo dejado correr. Pero ya era tarde para eso y en unas pocas horas mi blog se había llenado de comentarios que cada vez me hacían sentir peor y más culpable. 

Levanté la mirada y ví al Bicho Malévolo sentado sobre la vitro, con las piernas cruzadas y una sonrisa cabrona en la boca. Parpadeé. Joder, a lo mejor sí que me había pasado con los gin-tocnics...

- Enhorabuena, victimilla - me dijo - ya has conseguido darle pena a todo el mundo. Hasta has conseguido hacer llorar a una persona. Y sólo con un post. Como sigas así me vas a quitar el puesto de Bicho Malévolo, campeona...

- No quería eso. Lo que quería decir es que me sentí mal, que me sentí sola, que me hubiera gustado tener un poco de comprensión, de apoyo, de...

- Pues si es tan duro, olvídate de esos asquerosos gatos. Estás en esto porque te da la gana. Nadie te obliga. Si es tan duro, pasa de los gatos y arreglado.

- Eres imbécil. No quiero pasar de los gatos.

- Pues entonces cállate. ¿por qué vas a ser tú más importante que Irene, que Eguzki, que Naar, que Ángeles o que todas esas que andan cargando con gatos abandonados por medio país? ¿Te crees que ellas tienen más apoyo que tú? Agarra a tus gatos piojosos y vete a dar pena a otra parte, hombre ya.

Cerré el correo y me levanté. Dejé la taza en la pila y me acerqué a la puerta. ¿Qué le podía decir al cabrón de Bicho? En realidad tenía más razón que un santo. En realidad todas estábamos igual de solas en esto. Tengo que escribir esto - pensé - no sé si para reafirmarme o para pedir perdón o para qué. Pero algo tengo que escribir.

Antes de salir me agarré al marco de la puerta para recuperar el equilibrio y miré hacia atrás. Bicho seguía en la misma posición y pasaba la lengua por las gotitas de leche que habían caído sobre la vitro. 

- Apaga la luz cuando te vayas a la cama - le dije - y no seas cerdo y usa un vaso si quieres leche. Pero sobre todo, quita los pies de la vitro. Como te vuelva a ver con los pies en la vitro, te suelto un sopapo que te vuelvo gato. Puede que a veces tengas razón, pero no te olvides que aquí todavía la que manda soy yo. 

Y qué bien me quedé :-)





viernes, 26 de septiembre de 2014

No te podemos ayudar

Escribe, mujer. ¿Por qué ya no escribes? Me paso por el blog y ya no escribes nada, ¿es que no vas a escribir más?

La verdad que me cuesta un horror venir aquí y ponerme a escribir. Desde mayo tengo la impresión de que estoy sentada aquí sola escribiendo para mí misma y hablándole al vacío. Y no me apetece nada. Y además tengo como un come-come, como un poquito de resquemor, como un no se qué, como un Bicho Malvado que se agazapa dentro de mí y me avinagra las ganas de compartir. Y dejo que pasen los meses para ver si el Bicho se muere y me vuelvo a sentir como antes, pero no. No se muere. Sigue ahí. El muy cabrón.

Y de vez en cuando, aunque lleve días callado, se activa. Cuando recibo un mail, por ejemplo, un mail de alguna asociación de bichos para pedir: que haga click en alguna parte, que participe en una subasta, que vea un video o directamente que de dinero. Mi Bicho Malvado se activa y se descojona de mí. Desde mayo mi bicho malvado no para de descojonarse de mí. Es lo que hay.




El caso es que en mayo me quedé sola. Más sola que la una. Tenía entre manos un gato con la cadera destrozada, de mi colonia de 12 gatos, encerrado en mi camarote porque mis otros dos gatos "de casa" no podían vivir con él y además tengo un bebé y no me atrevía a cerrarlo en una casa tan pequeña con un gato desconocido e impredecible.Y mi gato con la cadera destrozada se estaba estresando y empezó a perder el pelo. Y me agobié. Un poquito. Es lo que tiene ser humana. Y pedí ayuda. Oye, ¿me ayudáis? demasiados gatos, demasiadas facturas, demasiado poco sitio, demasiado peligro si lo suelto de nuevo, ¿me ayudáis?.

Y no. Nadie me ayudó. Excepto LUCIA (dios te bendiga, el curro y la preocupación que te pegaste y toda la ayuda que me diste) no hubo ni una sola de mis asociaciones protectoras amigas que moviera un dedo en ningún sentido para ayudarme. 

"Estamos desbordados de gatos". ¿Estáis desbordadas de gatos?. Yo también. ¿No podéis ayudarme? Aunque sólo sea por karma, por toda la ayuda que os he prestado yo, feliz y desinteresadamente durante tantos años. Pues no. Están desbordados de gatos. O directamente hubo quienes ni me contestaron. Eso sí que me jodió. Eso me jodió un montón.

Pero no tenía tiempo de joderme. Así que agarré a mi gato herido y me gasté muchoscientos euros para salvarle la vida, y volví a llevármelo a mi colonia de gatos por mucho miedo que me diera, porque no tenía ningún sitio mejor que ese (ni mejor ni peor, no tenía ni un puto sitio más), rezando para que no le pillara un coche otra vez, para que tuviera una maldita oportunidad. 

Y luego nos mudamos de casa y me olvidé del blog. 

Y hace unas semanas me senté tranquilamente en mi colonia de gatos y les hice unas fotos, con Lucky en medio, recuperado y feliz. Dándoles unas palizas de escándalo a los gatos callejeros que vienen a la colonia a robar comida. Para que luego digan de los gatos castrados. Y con los  dos negros pequeñitos, los dos grises pequeñitos (el puñetero gatito gris, que no quería comer y casi se muere delante de nuestras narices), el marrón chiquitín, que nos recuerda a Casper y se nos cae la baba con él, el gatazo blanco, que va a ser el jefe de todos, nuestra Malauva, capaz de sacar adelante camadas de seis gatos aunque se la estén comiendo las pulgas y los parásitos. La tía. Y ese chiquitín a rayas, tan gracioso. Y el gatazo negro enorme que no nos ponemos de acuerdo si es de la Tricolor o de la Malaúva. O vete tú a saber si no es de ninguna de las dos y se ha quedado a vivir con nosotros porque sí. Porque él lo vale. 



Y además están Coco y Súa. Y por supuesto Ikatz. Y Casper. Y quién sabe cuántos más que irán viniendo con el tiempo. Y ahí sentada, con mis felinos alrededor le puse la mano en la boca al Bicho Malvado y le miré con desprecio. No seas cabrón. Ellas tienen muchos gatos, no pueden ayudar a todo el que pide ayuda. Tienes que entenderlo. Y el Bicho Malvado me miró y se calló. Yo creo que lo entendió y hasta le dió un poco de vergüenza haber sido tan malo. Y me sentí bien conmigo misma.

Así que cuando la madre de mi amiga Eguzki me preguntó si ya no iba a escribir más, sólo se me escapó una sonrisa a medias y no supe qué contestar. Porque ya no soy la que era hace unos meses. Porque aunque el Bicho Malvado se ha ido, ha dejado una estela. Y entiendo (lo juro) que mis protectoras amigas tienen demasiados gatos y no pueden ayudarme. 

Pero me pregunto qué pasará cuando a uno de mis bichos le pase algo que me supere, algo que no pueda pagar, algo que no pueda resolver.

Así que a partir de ahora todos mis clicks, todas mis donaciones, todas mis iniciativas se han terminado. Porque yo también tengo muchos gatos.

 Y ellos sólo me tienen a mí. 

viernes, 9 de mayo de 2014

Os presento a Lucky

Pues así están las cosas hoy. El veterinario le ha dado de alta a Lucky aunque todavía necesitará unos cuantos días de descanso para que la cadera suelde y durante estos días tendremos que asegurarnos de que no se lanza de ninguna mesa al suelo ni se anima a hacer paracaidismo o parapente o similar :-)

Lo hemos puesto oficialmente en adopción, así que os pido que difundáis entre vuestros conocidos para ver si alguien está interesado en conocerle. Está castrado y desparasitado, y me gustaría entregarlo con contrato de adopción para estar segura de que la persona que se lo lleva, lo cuida bien. Tiene unos 9 meses más o menos, come como una lima y es así de cariñosote:




Si me echáis una mano, os lo agradezco. Recordad que buscamos una casa exterior o un piso...pero que no haya carreteras cerca!

domingo, 20 de abril de 2014

Gato luchador

No sabía cómo titular esta entrada, pero creo que Gato Luchador es un título perfecto. Lucky ha estado 4 días ingresado en la clínica veterinaria. Además del desgarro en el muslo derecho, que era lo más visible, tiene la cadera izquierda rota por dos sitios. Una avería de tres pares. El veterinario ha estado controlando estos días si el conducto rectal de Lucky se mantenía libre (y no estaba presionado por los huesos movidos) pero parece que ahí sí que estamos teniendo suerte de momento y va todo como tiene que ir. 

Estas son un par de fotos que le sacamos en el veterinario.




Hoy nos lo hemos llevado a casa. No podemos tenerlo en el piso porque están Ikatz y Casper y tampoco podemos llevarlo de vuelta a la colonia del caserío tan pronto, así que hemos improvisado un hospital de campaña para gatos en el trastero. Con las camitas de Ikatz y Casper, con latitas de comida y agua y con una cajita de arena donde podamos controlar si come, cuánto come, si hace cacas y qué pinta tienen. 




De momento se va a quedar aquí. Tenemos que darle antibióticos y antiinflamatorios dos veces al día y cada dos días tenemos que llevarle de vuelta al veterinario para controlarle los puntos, para mirar cómo suelda la cadera y para asegurar que las cacas salen (y salen bien). 

Al menos durante 4 semanas no quiero moverlo de casa. Es el tiempo mínimo que va a necesitar para soldar la cadera y no quiero que ande arriba y abajo alterándose. También me he puesto en contacto con Esperanza Felina para pedirles ayuda. Como me temía, están desbordadas de gatos, pero harán lo que puedan por Luky y por mí.

La verdad es que no se puede ser más majo. Hasta el veterinario estaba sorprendido de que fuera un gato callejero: se está dejando hacer las curas y no para de ronronear y de venir a frotarse con nosotros cada vez que subimos a verlo. Me da esperanza verlo tan confiado. Esto tiene que salir bien!

miércoles, 16 de abril de 2014

A un pelo de la tragedia

Hoy parecía que iba a ser un buen día. 

Mañana en el trabajito y después al caserío, a comer con la familia, a disfrutar del sol, a soñar con el principio de las vacaciones y con un puñado de días largos, suaves y tranquilos, de esos en los que no pasa nada, de esos en los que no tienes prisa, de esos que te reconcilian con la vida

Pero no. No está siendo un buen día en absoluto.

Todo ha empezado con unos maullidos desgarradores en la puerta de casa. Andábamos todos por allí, los niños jugando en la piscina, los mayores sentados al sol y de repente esos maullidos nos han revolucionado a todos. 

¿Os acordáis de él? Os lo presenté hace unos días, en el post "Eramos pocos".



Cuando me he acercado a él, lo primero que he pensado es que tenía las tripas fuera. Que le había atropellado un coche y el pobre se había arrastrado hasta casa, reventado, para morir. Una imagen como esa es la pesadilla de los amantes de los gatos. Tenía el pulso a mil cuando me he acercado a él. Me ardía la garganta. Sólo podía pensar que no iba a ser capaz de ayudarle y que me iba a tocar quedarme allí viéndole agonizar con las tripas al aire. Demasiado cobarde para ayudarle a morir, una inútil para ayudarle a vivir. 

Me ha costado darme cuenta que la masa rosa que veía no eran tripas, era un muslo descarnado, lleno de sangre, con la piel abierta. Le he acercado la mano sin saber muy bien qué hacer pero segura de que me la iba a arrancar de un zarpazo a sabiendas de que un animal herido no es amigo de nadie. 

Pero no. Ha acercado la cabeza a mi mano buscando consuelo y entonces ha pasado algo, no sé muy bien qué ha pasado, pero me he venido arriba. Sin quitarle la mano de encima al gato he empezado a dar órdenes a todo el mundo. Tú, trae el coche. Tú, tráeme una caja para meterlo dentro. Tú, acércame el teléfono para llamar al vete. En minutos ya estaba en el coche, con el gato dentro de una caja a mi lado y con el veterinario esperándome después de un trayecto de más de media hora.

Mi veterinario ya está curado de espanto conmigo. Cuando me ha visto entrar con la caja por la puerta me ha hecho pasar a toda velocidad dentro. 

- No sé qué edad tiene, ni qué le ha pasado, ni si es macho o hembra. No sé nada de él. Sólo que está herido. Mira a ver qué puedes hacer con él.
- ¿Es bueno?
- Es un cacho de pan.

Encima de la mesa del veterinario las cosas se ven más fáciles. Ya me ha pasado antes. Cuando llegas ahí, de repente alguien toma el mando de la situación y ya no tienes que fingir que sabes lo que haces. Ya no tienes que pensar cómo ayudar a un animal herido cuando no tienes ni idea de qué hacer. Cuando el bicho se tumba sobre la mesa del veterinario siempre siento una mezcla de ganas de llorar de agobio y de alivio y de nervios. Todo junto. Me tiemblan las piernas y las manos y tengo que controlarme para que no se me caigan las lágrimas como a una cría. Ya me conozco el percal, así que no me ha pillado de sorpresa.

Pero ha sido un alivio. Roberto, como siempre, ha estado a la altura. A la del gato y a la mía. Parece que no tiene nada roto. Parece que le ha golpeado un coche. Creo que podemos coser la piel sobre la herida una vez que la hayamos limpiado. ¿Sabías que los gatos tienen la piel muy flexible?

He negado con la cabeza, como una niña. No lo sabía. Ni maldita la falta que me hacía saberlo. Ver la carne del muslo al aire y el pellejo arrancado ha sido más que suficiente como lección del día. Le hemos anestesiado  mientras el pobre allí tumbado se dejaba hacer. Ni un bufido, ni un  amago de mordisco. Nada. Me olfateaba y se pegaba contra mi mano como si nos conociéramos de toda la vida. Ha entrado a operar sin decir ni medio miau.

La enfermera ha asomado la cabeza por la puerta:
- ¿Tiene nombre?
Me he quedado desconcertada. 
- ¿Nombre?...no...
- Pues tenemos que buscarle uno.
Mi media naranja le llama Lucky Luke. Porque siempre va con los tres cachorros de la gata tricolor, que parecen Los Dalton. No es que me parezca un nombre bonito ni feo, sinceramente nunca había pensado ponerle nombre. Los gatos del caserío son los gatos del caserío. Sin más.
- ¿Luky? Puede ser Luky...
- Pues Luky..

Y se ha ido

He vuelto a casa y me he sentado delante del ordenador. A esperar la llamada del veterinario. La semana pasada vimos a Luky paseando por el borde de la carretera, hoy le ha atropellado un coche. El imbécil que lo abandonó cerca del caserío no le enseñó a cruzar la calle. Me pregunto cuánto tiempo le durará la suerte si sigue viviendo en casa, tan cerca de la carretera. Me acuerdo de lo valiente que ha sido, de cómo frotaba su cabeza contra mi mano con esa pata destrozada que tenía que dolerle como un demonio, de cómo me miraba, lleno de confianza, y se me caen las lágrimas de rabia y de impotencia. Ese animal no se merece morir debajo de un coche. Se merece un sitio seguro donde pueda vivir tranquilo y donde le quieran como se merece. Me muero de ganas por ayudarle, pero no sé ni por dónde empezar...

miércoles, 9 de abril de 2014

Diálogo

- Tienes muchos pelos, ¿no pican?
- Tú estás un poco calvo ¿no te pelas de frío?
- A veces, pero Amatxu me pone gorros
- A mí me pone la calefacción...y a veces me quita los pelos
- Ven a mi silla conmigo
- Me gusta más la ventana, gracias
- Pero no puedo acercarme a ti, estoy atado
- Por algo será...
- ¿No te caigo bien?
- A distancia sí
- ¿No te gustan las caricias?
- No me gusta que me agarren del pellejo y me levanten
- Es que eres muy suave...
- Y tú muy bruto


lunes, 3 de marzo de 2014

Éramos pocos

Ya os conté en esta entrada que la familia gatuna se nos estaba desbordando y que, en plena época de invierno, aparecen por nuestra casa, día sí día no, gatos nuevos en busca de algo que llevarse a los bigotes. No os lo conté (pero lo pensamos) que tal vez deberíamos empezar a organizar un servicio de autobuses desde los pueblos de alrededor para que todos y todas puedan venir cómodamente a comer a casa en lugar de jugarse la vida en la carretera o ponerse como una sopa de agua en el camino  con el inviernito que estamos teniendo. No os riáis. Lo de los autobuses de gatos peregrinando a nuestra casa va a terminar siendo cuestión de tiempo. Ya veréis. El GatoBús lo pienso llamar.  

El caso es que en eso estábamos cuando el otro día apareció un inquilino nuevo. Aquí lo tenéis.



Raza "vaquita", blanco y negro, como Ikatz, y con todos los ojos llenos de legañas. Daba penita el pobre con esos ojos llenos de legañotas, así que me agaché con la esperanza de que me dejara acercarme (no os lo he contado, pero a pesar de que nuestra comida les encanta, la mayor parte de los gatos de la manada no nos deja que nos acerquemos a menos de un metro de ellos. Amigos pero sin pasarse). El caso es que allí estaba yo de cuclillas, con la mano extendida y poniendo cara de buena persona a ver si podía engañarle y me dejaba acercarme un poco para ver qué pasaba con esos ojitos, cuando de repente...PAF...ya tenía el gato encima mío, subiéndose por mis vaqueros y restregándose contra mi cuello, mi pelo y mis mejillas. Joder con las confianzas.

Mi media naranja y yo nos quedamos mirándonos alucinados, él allí de pie flipando y yo medio sentada con un gato colgado del cogote y enredándose en mi pelo ronroneando como una motosierra directamente en mi oreja.

- Me da que es un gato casero
- Va a ser que sí. Un poco casero sí que parece...
- ¿Crees que me dejará limpiarle los ojitos?
- Como te descuides, te los limpia él a ti...

Se dejó limpiar los ojos, se comió todo el puré que no había querido comerse el GatoSinPelos y se bebió toda la leche que había sobrado de la merienda. Y mientras tanto me dió tiempo a notar que tenía un pelo lustroso y precioso, y las carnes prietitas que desvelaban que mucha hambre en su vida creo que no ha pasado. Tiene toda la pinta de ser el resultado de una familia de idiotas de esos que piensan que abandonando el gatito en el monte, seguro que aprende a cazar jabalíes él solito y además es más feliz que en el piso en el que ha nacido. Toda la pinta.

Así que se queda. Y no sólo eso. Es el primer gato que ha "firmado" en la casa. Ampliad la foto y fijaros en la parte baja derecha de la repisa de la ventana que estamos arreglando...



Más chulo no se puede ser...

viernes, 28 de febrero de 2014

Cama Caliente

Cuando Ikatz y Casper era pequeños les compramos unas camitas de peluche estupendas para que pudieran echarse sus buenas siestas. Durante un tiempo funcionó: cada gato en su cama y una cama para cada gato. Pero después las cosas se nos fueron de madre: cada uno se fue buscando huecos para echar la siesta en otros lugares de la casa  (los sofás, encima de los radiadores, el rascador...) y las camas se quedaron olvidadas en una esquina y criando pelos muertas de la risa hasta que un día me aburrí y las subí al camarote.

Ahora ha llegado el momento del cambio de cama del GatoSinPelos. El moisés se le ha quedado pequeño y nos hemos ido a Ikea a buscar su primera camita de verdad. Una cuna preciosa, blanquita, con sus barrotes, sus patitas, sus peluches colgando, su edredón de plumas y sus hormiguitas paseando por el edredón. Todo perfecto, ¿verdad? Una cuna ideal para un GatoSinPelos de 7 meses.
¿No?


Pues no. 
Porque no habíamos contado con el resto de gatos de la casa que han asumido que la nueva cama es para todos. Y ahí andan, aprovechando cada descuido para meterse dentro y pegarse unas siestorras de escándalo y dejarlo todo lleno de pelos. 
Si lo llegamos a saber, compramos una cuna de 1,50 y todos contentos...

jueves, 23 de enero de 2014

¿Dónde está el resto de la familia?

Pues sí. Tenéis razón. Tanto gato, tanto niño, tanto enano de navidad y algunos me preguntáis ¿qué pasó con Coco y con Sua que ya no hablas de ellos? Y es verdad, con el lío del bebé y entre una cosa y la otra, los pobres han pasado a un segundo plano en el blog, ya no se sabe nada de ellos. Pero siguen ahí, con nosotros. Les hicimos una perrera cinco estrellas en la parte de atrás del jardín con su caseta, su comidita, su agua, su madera para echarse unas siestas de campeonato y con una buena sombra permanente para guardarse de la lluvia y del sol. Y ahí están están, encantados de la vida. 




Sua sigue sorda como una tapia y Coco no ve tres en un burro, así que los paseos por el monte cada vez más se parecen a una excursión del IMSERSO llena de abuelitos. Y por si acaso nos parecían pocos perros, cada vez que salimos a pasear se nos suma a la fiesta el perro del vecino (el pequeñajo marrón de la cola tiesa que aparece en las fotos) que ese sí que ve y oye, y que creo yo que se apunta como vigilante, para asegurarse de que volvemos a casa con todos los perros con los que hemos salido. 

Y hablando de apuntarse, y ya que estamos en el tema, estos siete también se han apuntado:




La gata tricolor que está subida en el bidón de la segunda foto y sus tres cachorros que están comiendo en la primera foto (el marrón, el blanco y el negro. Y también la gata gris de la primera foto y su cachorro, que es el negro que está comiendo en la teja de la segunda foto.  Y un espontáneo con antepasados de siamés que está comiendo en la escalera de la segunda foto. 

Ya véis, que nos parecía que con Ikatz, Casper, Sua, Coco y el Gatosinpelos nos quedábamos cortos, así que hemos abierto la casa y comida gratis para el que quiera venirse. Os apuntáis alguno más?