lunes, 3 de marzo de 2014

Éramos pocos

Ya os conté en esta entrada que la familia gatuna se nos estaba desbordando y que, en plena época de invierno, aparecen por nuestra casa, día sí día no, gatos nuevos en busca de algo que llevarse a los bigotes. No os lo conté (pero lo pensamos) que tal vez deberíamos empezar a organizar un servicio de autobuses desde los pueblos de alrededor para que todos y todas puedan venir cómodamente a comer a casa en lugar de jugarse la vida en la carretera o ponerse como una sopa de agua en el camino  con el inviernito que estamos teniendo. No os riáis. Lo de los autobuses de gatos peregrinando a nuestra casa va a terminar siendo cuestión de tiempo. Ya veréis. El GatoBús lo pienso llamar.  

El caso es que en eso estábamos cuando el otro día apareció un inquilino nuevo. Aquí lo tenéis.



Raza "vaquita", blanco y negro, como Ikatz, y con todos los ojos llenos de legañas. Daba penita el pobre con esos ojos llenos de legañotas, así que me agaché con la esperanza de que me dejara acercarme (no os lo he contado, pero a pesar de que nuestra comida les encanta, la mayor parte de los gatos de la manada no nos deja que nos acerquemos a menos de un metro de ellos. Amigos pero sin pasarse). El caso es que allí estaba yo de cuclillas, con la mano extendida y poniendo cara de buena persona a ver si podía engañarle y me dejaba acercarme un poco para ver qué pasaba con esos ojitos, cuando de repente...PAF...ya tenía el gato encima mío, subiéndose por mis vaqueros y restregándose contra mi cuello, mi pelo y mis mejillas. Joder con las confianzas.

Mi media naranja y yo nos quedamos mirándonos alucinados, él allí de pie flipando y yo medio sentada con un gato colgado del cogote y enredándose en mi pelo ronroneando como una motosierra directamente en mi oreja.

- Me da que es un gato casero
- Va a ser que sí. Un poco casero sí que parece...
- ¿Crees que me dejará limpiarle los ojitos?
- Como te descuides, te los limpia él a ti...

Se dejó limpiar los ojos, se comió todo el puré que no había querido comerse el GatoSinPelos y se bebió toda la leche que había sobrado de la merienda. Y mientras tanto me dió tiempo a notar que tenía un pelo lustroso y precioso, y las carnes prietitas que desvelaban que mucha hambre en su vida creo que no ha pasado. Tiene toda la pinta de ser el resultado de una familia de idiotas de esos que piensan que abandonando el gatito en el monte, seguro que aprende a cazar jabalíes él solito y además es más feliz que en el piso en el que ha nacido. Toda la pinta.

Así que se queda. Y no sólo eso. Es el primer gato que ha "firmado" en la casa. Ampliad la foto y fijaros en la parte baja derecha de la repisa de la ventana que estamos arreglando...



Más chulo no se puede ser...